miércoles, 2 de marzo de 2011

Booted & Suited. Capítulo 8: Salir a impresionar

Volvimos, qué pena con la demora, pero la verdad es un poco dispendioso lo de la traducción. Perdón si no los publicamos cada semana como había dicho, haré lo posible.

Una vez más: los videos, fotos y links a las canciones las ponemos nosotros, NO son del libro, ojalá les guste. 

Y para los que no han leído las 2 partes que publicamos antes, las encuentran acá:
Capítulo 1: En busca de Wally 

Capítulo 7: Una lección de historia
 (Los capítulos del 2 al 6 no están, las razones se explican en el link del cap. 7)
 
Capítulo 8: Salir a impresionar
Waddsy – alto, bien plantado, inteligente, un bastardo calculador- era nuestro Joe Hawkins. Estaba bordeando la expulsión del colegio. Las cosas normales en realidad: beber, robar, pelear, igual que todos nosotros- pero Dennis Wardell, pues lo hacía mejor que el resto de nosotros. Naturalmente, lo admirábamos.
“Miren lo que me robé”, se jactaba Waddsy mientras abría su maleta marcada con “Trojan” y “Tote End Skins”.
“¿Sánduches de queso?”  preguntó Benny, siempre haciéndose el idiota. “No. Esto, estúpido  y feo cara-manchada”
Benny no podía discutir eso, después de todo, era sin duda todo lo dicho. Waddsy sacó una docena de discos plateados. “Son explosivos, los he tomado de esa choza junto a las vías del tren. Las ponen en la carrilera cuando hay mucha neblina.
“¿Cómo se deshacen de la niebla?” preguntó Benny. Todos lo ignoramos. “Entonces ¿qué hacemos con éstos, Den?” pregunté, una pregunta simple, pensé.
“Volarle las piernas a algún pobre hijoputa” respondió  indiferentemente. Se las tiramos a los fans del Villa, y cuando empiecen a saltar al ritmo de “bow legged chicken (ndt: Gallina pati torcida)” o algo así, explotan y ¡hey presto! Brummies (Ndt: término coloquial para habitantes de Birmingham) de mierda con una sola pierna. “ Claro", pensé, "cómo no se me ocurrió eso".
“Pero primero” continuó “necesitamos probarlos…¡Scully!” Todo el mundo en cualquier escuela tiene su Scully. El chico que hará cualquier cosa, probará lo que sea, comerá lo que sea, dirá lo que sea… que sea estúpido. Scully todavía tenía botas con taches, perfectas para saltar sobre pequeñas minas antipersona. Scully un tanto aburrido, aceptó.  

Estuvimos castigados una semana y reportados por un mes. A Scully le compraron un par de botas nuevo, y Waddsy estaba un paso más cerca de ser expulsado. Pero su experimento había sido un éxito total, próxima parada: Tote End.

Los Rovers tuvieron un tremendo desempeño en la Liga y habían llegado hasta la 5ta ronda contra el “viejo enemigo”: Aston Villa. Los del Villa eran nuestros némesis. No en la misma liga que nuestro odio por Bristol puto City, obviamente, nada podía compararse a eso, pero el Villa estaba en la Tercera División con nosotros, mientras que solamente teníamos una oportunidad al año de aplastar a los fans del City  en la final de la Copa Gloucester, y aún faltaba mucho para Mayo. Un público de alrededor de 30,000 llenó el Eastville en una increíblemente húmeda noche de Noviembre. Ya había habido pequeñas peleas a lo largo de Stapleton Road, pero PC Rain (Ndt: la policía, creo) lo había hecho bien, y había mantenido el aggro bajo control. Bajo el techo del Tote End las historia era diferente, no había nada que nos separara y había peleas por doquier. Era tiempo para que Waddsy entrara en acción.

“Aquí Browner, lanza unos de éstos”  Waddsy me pasó algunas de las minas antipersonales. “Lánzalos así” salto alto y los lanzó rozando las cabezas rapadas para mayor efecto. Le hice caso sin mucho ánimo, mi corazón palpitaba con miedo y emoción. Esperamos… nada pasó. 

El juego continuó.  Stuart Taylor marcó un gol para los Rovers.  Un gol justo antes del medio tiempo siempre era un preludio para más violencia. Otra vez empezó, botas y puños por todas partes, miles de mojados y vaporosos jóvenes reventándose unos a otros. “Fertiler, fertilizer, fertilizer” nos provocaban los Brummies, burlándose de nuestro acento.

“Brimimgum, chewing gum” replicó el Tote, un poco patéticamente.
“No puedo creerlo” exclamó Waddsy, “no están estompeando (ndt: pisando fuerte)” Los Skinheads amaban estompear, nacieron para eso. “¡Salten de arriba a abajo bastardos!” gritó lo más duro que su voz de adolescente le permitía.

Nada. Waddsy empezó a desear que en los parlantes empezara a sonar “Skinhead Moonstomp” de Symarip, el himno Skinhead, la astuta y un tanto oportunista nueva versión de “Moonhop” de Derrick Morgan. Eso haría que los bastardos saltaran.

“Solo hay una cosa por hacer”  dijo Waddsy “ya vengo. Voy a hacer que esos hijoputas canten”.
“¿A dónde vas  maldito loco?” pregunté, ya sabiendo muy bien a dónde se dirigía.
Y así se fue, abriéndose camino a empujones entre la multitud, en dirección a la mitad de los fans del Villa.

“Está demente”, dijo Lil. Un poco desubicado, estaba Lil.  El hijo, de uno cincuenta y nada de estatura, de clase media de un hombre de negocios norteamericano, ahora viviendo en el gentil Westbury-on-trym, haciendo lo correcto y enviando a sus hijos estadounidenses a la escuela en un council estate del norte de Bristol. Tenía la razón en todo caso, Waddsy estaba demente. Lo perdimos de vitsa, pensé que estaba en problemas. Si la basura Brummie no notaba su acento, seguramente notaría su chaqueta Levi´s con un pequeño grafiti de “TOTE” en el parche de cuero arriba del bolsillo del pecho. Esperamos con la respiración agitada.

“Soy un pollo con piernas chuecas, soy una  gallina pati torcida. No había sido tan feliz desde no sé hace cuánto. Camino con un meneo, y me contoneo cuando camino, haciendo la caminata del ¡HOLTE END!” rugieron los Brummies. Aquí viene, pensamos… “La, la, la, la, la ,la, la, la”. Saltaron, como solo los fans del fútbol lo saben hacer, apoyándose en los amigos, las manos sobre los hombros de un completo desconocido de adelante, escandaloso, glorioso pisoteo… pero ni una puta explosión.

Pensamos que habíamos perdido a Waddsy por esa noche, o que había sido machacado hasta la muerte por algún Psicópata de Quinton, o arrestado por Old Bill (Ndt: literalmente el Viejo Bill, término coloquial para la policía), pero increíblemente encontró el camino de vuelta a nosotros, con una gran sonrisa en su cara. ¿Y qué si las minas no explotaron? ¡Qué astucia, que valentía, qué demencia! Había logrado una hazaña que le daba status de héroe entre nosotros, eso era lo que importaba. En cuanto al juego, el Villa empató,causando más caos, y desatando un ataque de proporciones épicas por parte de los Tote Enders: “A-G, A-G-R, A-G-R-O, ¡AGRO!” Si tan solo, si tan solo… hubiéramos aparecido en la portada del Daily Mirror (Ndt: periódico).

Solo había una cosa que disfrutábamos más que un poco de bovver en los juegos en casa, y eso era los juegos como visitantes. Había ido a juegos como visitantes antes- mi primer viaje hacia lo desconocido había sido a Reading en 1969, cuando además de una sorprendente victoria en el campo (Rovers ganaron 5-1), los novedosos skinheads del Tote End habían destrozado a los biscuitmen de Berkshire. Pero ese día, había viajado en los molestos buses para fans del club, y ahora, varios meses más tarde, no podía soportar la idea de sentarme junto a algún imbécil con su gorrito de lana y sujetando una matraca y un termo de té. Solo había una forma de viajar: el especial de fútbol, cortesía del tiquete para la plataforma de 3 peniques. Y sí que tuvimos un viaje genial, cortesía de British Rail: Torquay.

Esta vez sí que íbamos realmente en manada. Parecía que toda la escuela de Henbury estaba allí y todos íbamos armados. No que muchos de nosotros estuviéramos realmente preparados para usar armas. Era simplemente lo normal, tenías que andar con un arma, pura demostración de creerse valiente.  Los baños de la escuela fueron desvalijados ya que todas las cadenas fueron removidas de sus cisternas y escondidas entre nuestra ropa, al igual que nuestros favoritos, los tubos, la peinilla de metal, barras de hierro, y tal vez el arma más siniestra de todas, una botella de zumo de limón llena de blanqueador. 

El viaje de llegada había sido calmado. Unas cuantas latas de Double Diamond habían calmado nuestros nervios- nerviosos sobre Torquay, qué ridículo, pero lo estábamos. No sabíamos qué esperar. Habíamos escuchado rumores de que Argyle iría, y había mucho odio entre los Rovers y esos bandidos de Union Street desde el juego en Home Park el pasado Abril. Había sido un juego al que había ido junto al resto de chiquillos de Henbury, en el que nos habíamos pegado a nuestros mayores mientras peleábamos firmemente, primero alrededor de la estación, luego  en el parque que rodea Home Park, y tercero en las graderías de concreto del estadio mismo,  antes de repetir los actos en reversa, mientras volvíamos  a la estación.

El canto de “E por B y ‘enbury” (E-for-B and ‘en-bury) se estaba volviendo tan popular en Eastville como el original “E-for-B and Georgie Best” lo era en el Old Trafford, y lo que es más, nuestras caras empezaban a ser conocidas y aceptadas entre los chicos de otros distritos. Teníamos un buen Crew, pero no estábamos en la misma liga que algunos de los otros. Lockleaze, Fishponds y Kingswood, estaban todos bien representados, pero no había resentimientos. Estábamos todos juntos, éramos el Tote. Éramos un joven Crew en ascenso. Algunos de los de Lockleaze tenían más de 18, veteranos de los viejos días, que orgullosamente llevaban las impresionantes patillas mutton-chop que habían sido tan populares entre los skins más maduros y de las que, de nuestro crew, solo Waddsy podía alardear. Y luego estaba Andy Phelps.

El Grande Andy, o “El Oso” como los fans del Villa le llamaban de mala gana, era una leyenda, nuestro líder indiscutible. Él, junto a Brian Willis, había creado el Tote End en Enero de 1967 luego de una pelea en la copa FA con el Arsenal, que no solo atrajo un público de 35.000, sino que también fue la primera invasión y ocupación a gran escala por parte de fans visitantes a las graderías cubiertas del estadio local. Andy juró que el Tote End nunca sería tomado de nuevo, no sin una pelea al menos. A través de los años hicimos lo mejor que pudimos para cumplir la promesa de Andy.

Andy era una paradoja. Mientras casi todos los miembros del Tote eran Skinheads adolescentes con sus bolas recién crecidas, Andy tenía más de 20 años, con una complexión masiva como de una casa de ladrillo, y lo que es más, era un greebo- una gran masa rodante con pelo que le llegaba hasta los hombros, usando jeans sucios y chaquetas de cuero.  Conseguir un movimiento de cabeza en aprobación de parte del gran tipo era un gran logro en sí mismo. ¿Qué hacíamos nosotros, que nos enorgullecíamos de nuestra apariencia y nuestra actitud, siendo guiados por él? No lo sé, pero le seguíamos, cuando Andy estaba cerca nos sentíamos más seguros, invencibles, era como nuestro amuleto de la suerte.

Había otros de igual presencia, el maravillosamente nombrado “’Arry Barra de Hierro”, de quien había escuchado mucho, pero visto poco y el muy real Peter Kimble, un tipo gigante y peludo que trabajaba en el puerto de Avonsmouth, era más grande incluso que Andy. Los skinheads eran liderados por personajes como Dobbsy quien, extrañamente y al igual que Andy, venían del otro lado del rio, y Rob Boyle de Eastville. Rob era una cara importante dentro de los skins, un astuto y bien educado individuo que más tarde se convirtió en profesor. Siempre se veía bien, Rob, Ben Sherman a cuadros, cardigan negro largo, pulgares plantados tras unos tirantes rojos brillantes, el par más brillante de Dr Martens Cherry que salían de debajo de Sta Prests verde-mostaza con el quiebre planchado tan finamente que parecía que te podías cortar; puro estilo.
“¿Todo bien, jóvenes?” decía Rob. Se paraba ahí, llenando el vacío dejado por la ahora ausente puerta que había sido arrancada   bruscamente por alguno de sus jóvenes acompañantes.
“Seh, bien Rob ¿y tú?” le respondí, con el pecho hinchado de orgullo.
“Tenemos que estar preparados hoy, los de Argyle vienen en camino. Así que anden todo juntos, ¿ok?”
“Sí, no hay problema”
“Bien, los veo más tarde”
Hay algo sobre llegar a un pueblo pequeño en tren. Tan pronto como el pueblo saltaba a la vista y el tren empezaba a aminorar la marcha, las ventanas bajaban y las cabezas salín “¡BER-RISTOL, BER-RISTOL, BER-RISTOL!” cantábamos, aterrorizando a algún pobre tipo que había salido a cuidar sus verduras al jardín. No podíamos esperar a bajarnos, las puertas se abrían y salíamos a correr por la plataforma. Todo empezaba en seguida, un portero recibía un empujón, maletas eran pateadas, una ventana era rota. No habíamos ni salido de la estación y el Aggro ya estaba empezando ¡Putamente genial!
  
Afuera de la estación había un comité de bienvenida de la policía, pero se llevaron una sorpresa – la inteligencia para evitar la violencia del fútbol aún estaba en su infancia. Tenían mucho que aprender.  La ley no podía arreglárselas con cientos de vagos llegando al mismo tiempo, un camión de carne (Ndt: expresión para camión de la policía) y un perro no iban a detener a tanta gente. A medida que salimos de la estación y nos dirigimos a la costa, un solitario Triumph Herald giró por la esquina directo hacía nosotros. Estúpidamente paró, sus ocupantes de mediana edad y clase media nos miraron sorprendidos, primero con un poco de molestia y luego con horror al darse cuenta de la situación en la que se encontraban. Rodeamos el carro y rápidamente lo teníamos balanceándose hasta que eventualmente se volcó, el ruido de las ventanas rompiéndose siendo recibido con aullidos de risa de parte del ruidoso grupo.


Corrimos bordeando la costa, gritando, insultando a todos a la vista. Todos los ojos estaban sobre nosotros, con total desprecio, los locales nos miraban boquiabiertos al ver este horrible y herético montón de jóvenes de la malvada ciudad de Bristol. Fue divertido sí, pero un poco demasiado fácil “¿Dónde están los contrarios? ¿Dónde están los Skins de Devon?” por fin encontramos algunos, eran tres, uno alto que se veía buen rival, y otro dos más pequeños como de nuestra edad. Sin dudarlo nos lanzamos de una. Los dos más pequeños escaparon en el acto. No podía creer cuando el alto se quedó en su lugar, esperando preparado para la violencia. En el último segundo se arrepintió y salió a correr, desafortunadamente para él, fue directo a un poste. Y ahí entraron las botas, nos peleábamos entre nosotros para ser los primeros en patearlo. Justo cuando me preparaba para darle una buena patada sentí un golpe en mi cabeza.
“¡Quítensele de encima, idiotas!” Era Rob Doyle.
“Déjenlo tranquilo por dios, ¡está solo!”
Rob daba patadas y puños, quitándonos a todos de encima. Todos nos echamos para atrás preguntándonos cuál era su plan.
“Levántate amigo, lo siento por eso, sólo son un montón de imbéciles”. Le devolvió su chaqueta Wrangler, la cual alguien estaba decidido a quitarle. Rob tenía la razón, eso estuvo totalmente fuera de lugar. Fue una valiosa lección para todos. Éramos duros, nos gustaba la pelea, pero esto no estaba bien.
“Cualquiera de ustedes vuelve a hacer eso y se gana una paliza de mí, ¿Vale?” gritó Rob.
 
Nos marchamos, tiempo de encontrar un Pub.
No fue difícil. Para esa hora Torquay estaba invadida por Tote Enders, todos los pubs estaban llenos a reventar, ideal para que pequeños 14 añeros  se escondieran en las oscuras esquinas sosteniendo sus grandes Tavern Kegs;  cuatro pintas (Ndt: 1 pinta es medio litro) más tarde estábamos vueltos mierda. El viaje al estadio fue tan ocupado como el viaje desde la estación, un carrito de leche volcado, galones del líquido yéndose por el drenaje, vidrios rotos por todas partes, una caseta lanzada sobre una pared para luego caer 17 metros dañando varios autos.

El partido en sí fue un anti-clímax. Nos tomamos su End, apropiadamente llamado el Cowshed (Ndt: literalmente establo de vacas), sin ningún problema.  Por dios, incluso un montón de enanos con un solo brazo podrían haberse tomado su End, difícilmente era un logro. Momento de empezar con los polis. “¿Cuál es tu problema, bobo?¿Cuál es el problema contigo, eh?” cantábamos al ritmo de la canción de Rolf Harris “Tie me kangaroo down sport”. ¿A  quién se le ocurrían esas canciones? ¿Se sentaban en sus cuartos y dedicaban sus vidas a escribir canciones de fútbol? Pobres bastardos. 

La ley se nos mandó encima, bolillos afuera y todo el mundo se mantuvo firme. Sin organizarse, sin pensarlo dos veces, sin preocuparse, sólo lo hacías, era natural.  Nadie pensaba que estuviera haciendo algo fuera de lo común o malo; eras un adolescente,  eras un fan de fútbol, por lo tanto peleabas. Si no podías pelear con un chico justo como tú, que pensaba igual, que vivía una vida igual, entonces,  ¿Con quién podías pelear?

A la ley le dimos unos buenos golpes. Pasarían años antes de que se organizaran  lo suficiente para controlar a los hooligans en las gradas. Mientras tanto, su única arma efectiva eran los perros. Eran algo común en las gradas en los 70’s: brutalmente grandes y peludos Pastores Alemanes, usualmente acompañados por  brutalmente grandes y peludos policías, ya que es un hecho irrefutable que los que manejaban a los perros siempre tenían barba. Los perros tuvieron el efecto deseado, la calma se restableció rápidamente. 

 El partido se acabó con un empate 1-1. Solo un fan de Argyle fue, un chico de raza mixta, tan común en Devon como lo era el metal en el gabinete de trofeos de los Rovers. Antes de que el marica pudiera terminar “ARGYL…” fue golpeado por un puño del tamaño de su cabeza proveniente de Andy Phelps. El pobre bobo quedó inconsciente de un solo golpe. Vería esta escena repetida muchas veces a través de los años.  Andy no era el tipo de persona que se detenía a pensar bien en sus opciones, tampoco era el tipo de persona que daba patadas. No lo necesitaba, usualmente un puño era suficiente.  Es divertido la cantidad de pueblos y clubes de fútbol a los que fuimos, pero suyos nombres nunca alcancé a escuchar completos, “MANSF…” ¡Pum! “WALS…” ¡Pum! “Bourne…” ¡Pum! Genial.

Luego de otras cuantas pintas, y un fugaz manoseo con un par de las Skinhead girls locales que pensaban que nosotros los Bristolianos éramos  lo mejor, volvimos al tren para un viaje de descanso de vuelta a Bristol. Un viaje de descanso con asientos arrancados, retretes rotos, ventanas quebradas y bombillos quitados. El cable para comunicarse fue jalado más veces que el pene de un adolescente, e incendios fueron iniciados con alarmante frecuencia. Los habríamos apagado pero todos los extintores habían sido arrojados por las ventanas. Para colmo, un grupo había atacado el carro de la comida, golpeado al vendedor de bebidas y tomado su dinero y productos, resultando en barras Mars y Double Diamond con descuento rondando por ahí. 

El último juego de 1970 en Eastville fue contra Swansea Town, el día después de Navidad, un día amargamente frio en el que no había buses y que nos representó un desalentador viaje de 4 millas desde nuestra área de influencia al norte en nuestro Council Estate de Henbury, que parecía el Ártico.    Al momento de llegar al estadio, estábamos congelados e incluso la botella de whisky que Lil le había robado a su viejo   del mueble de bebidas, no calentaba nuestros espíritus. El Tote actuó como de costumbre, dándole una buena paliza a esos folla-ovejas en el Open End. No me tocaron ni me molesté. Hacía demasiado frio y me estaba dando gripa. En todo caso, no quería dañar el Crombie que mi madre me había regalado para Navidad- no un genuino marca Crombie, simplemente uno de esos de Keedons que costaba £12, todo el mundo los usaba. El partido fue una mierda, 0-0. Nos tomamos un par de Rones con Coca Cola en el White Swan antes de arrastrarnos de vuelta a casa. Estaba demasiado ebrio, y lo que era peor, había empezado a nevar.  

Sin embargo, en general 1970 había sido un buen, muy buen, año. Había hecho viajes como visitante a Luton, Bournemouth, Reading, Plymouth, incluso Aldershot, y por supuesto Torquay, y había salido relativamente sin un rasguño, cuando incluso la malvada batalla en un partido de la copa Gloucester en Ashton Gate, que había dado como resultado 40 arrestos de jóvenes, me dejó intacto (en gran parte gracias a que mantuve mi cabeza baja y mi boca cerrada). ¿Y qué si no eran Arsenal o Liverpool? Un puño o una bota de un Janner (Ndt: gentilicio informal para los que viven en Plymouth) duele lo mismo que el de un Scouser (Ndt: gentilicio informal para los de Liverpool) y como los Rovers se revolcaban en la Tercera División eso significaba que teníamos que sacar el mejor provecho en cuanto a Aggro siempre que pudiéramos. Mis esfuerzos por escalar en reconocimiento entre mis colegas y hacerme un nombre empezaban a dar sus frutos. Estaba tranquilo con mi identidad, y mi apariencia e incluso gustos musicales eran envidiados.  La música del año era legendaria por su simplicidad. Los skinheads no eran creaturas complejas, y la música cruda y básica de Norte América, y más importantemente, la de Jamaica, satisfacían nuestros aún más básicos instintos- “Give me just a Little more time” y “You’ve got me hanging on a string” por Chairmen of the Board y “Na, na, hey, hey, kiss him goodbye” de Steam, que se convirtió en uno de los himnos esenciales del fútbol, habían llegado al Top 10 en Enero y se peleaban con el continuo avance del Reggae en las listas  por parte de los sellos Trojan y Pama.

El muy plagiado  favorito de todos los ‘Ends’ del fútbol, “Liquidator” por Harry J Allstars, había entrado a las listas por primera vez en Noviembre de 1969 y se había mantenido allí hasta Marzo de 1970. Mientras la profunda  “Young, gifted & Black” de Bob & Marcia llegaba a su tope en el puesto 5 en Abril de 1970.  La banda responsable de que llamaran al nuevo sonido jamaicano “Reggae” o “Reggay” como en “Do the Reggay” allá por 1968, los Maytals de Toots Hibbert, llegaron al puesto 47 con “Monkey Man”. Y el maravilloso “Love of the common people” de Nicky Thomas que en los 80’s impulsó la carrera en solitario de Paul Young, llegó al puesto 9 en Julio.

Sorprendentemente, la canción defintiva de los Bovvers boys, “Skinhead Monstomp” de Symarip, no logró entrar al Top 50. En todo caso no estaba sola, “Johny too bad” de The Slickers,  con sus advertencias a los Rude Boys, o una de las primeras ofertas de “versions” , “Version Girl” por Boy Friday, tampoco entraron.
Con muchos de sus lanzamientos apuntando al aun creciente y predominantemente blanco, movimiento Skinhead, Troajn y su montón de subsidiarias (incluso había una llamada Agro, y una banda de sesión jamaicana llamada The Aggrovators) había sacado no menos de 70 sencillos ese año, vendiendo unas sorprendentes 250,000 copias en el mercado pop británico y como un sello independiente tenía un record de canciones como el de ningún otro. A pesar de todo el éxito del Reggae en los listados ese año, hubo una canción que superó por mucho cualquier cosa que Jamaica, o más específicamente Neasden, tenía que ofrecer. Y ésta fue, “Banf of Gold” de Freda Payne, que llegó al puesto 1 en Septiembre y se mantuvo en los listados por gloriosas 19 semanas.   

Tamla Motown, el sello que primero había alcanzado la fama durante los 60’s cuando los Mods causaban problemas en Brighton, también tuvo un hit en el puesto 1 en 1970 con “Tears of a clown” de Smokey Robinson, y otro hit de top 10 con el clásico anti-guerra de Vietnam de Edwin Starr, “War” y la maravillosa cacofonía de “Ball of confusion” de Temptations. Mientras que “Still water” y “It’s all in the game” de los siempre geniales Four Tops, daban fe de que aún faltaba un tiempo para la caída de Detroit. Sin embargo, el Verano había sido dominado por una canción local, la irritantemente pegajosa “In the summertime” de Mungo Jerry, que se mantuvo en el puesto 1 por 7 largas semanas, y finalmente fue tumbada por “The wonder of you” de Elvis Presley.

En cuanto a música, 1970 fue un año de mucha diversidad, desde la aburridora “Wand’rin Star” de Lee Marvin, hasta el asombroso “Voodoo Chile” de Jimmy Hendrix. Como mi nueva vida en las gradas, la música de los 70’s no tendría momentos aburridos, acababa de subirme a la montaña rusa de mi vida, y justo aquí, justo ahora en Diciembre de 1970, con tan solo 15 años, la atracción hasta ahora estaba pasando por la primera e inocente curva.  
 

miércoles, 9 de febrero de 2011

Booted & Suited. Parte 2, capítulo 7: Una lección de historia

Aclaración de Brixton Cats:
El libro Booted and Suited es una versión revisada de un libro que originalmente salió bajo el nombre "Bovver". En "Booted and Suited" el autor invitó a otra persona para que escribiera unos capítulos sobre los años de finales de los 60's, ya que en ese entonces Chris Brown era un niño y aun no salía. la PARTE 1 es escrita por otra persona, y son 6 capítulos, el primero de los cuales ya tradujimos en una entrada anterior que se puede ver haciendo click AQUI. Sin embargo en mí opinión, estos primeros capítulos no son tan entretenidos de leer como el resto del libro que sí es escrito por el autor. Así que nos vamos a saltar los capítulos del 2 al 6 para ir directamente a la PARTE 2 que es más divertida y está compuesta por 32 capítulos. Ojalá les guste y la idea es ir poniendo un capítulo nuevo cada Miercoles.

Nota importante: intentaré poner links de Youtube para escuchar las canciones que se mencionen. Así que hagan click en los nombres para escucharlas. Y las fotos que se incluyan en el artículo NO son del libro, las ponemos nosotros en el blog para que sea más divertido.

Parte II: Los setentas, una década de disturbios

La gente que dice que no se arrepiente de nada usualmente quiere decir lo completamente opuesto. Estaría mintiendo si dijera que no me arrepiento de nada. Hoy día me arrepiento de muchas de mis acciones en mis años formativos, pero en ese tiempo la palabra “arrepentimiento” ni siquiera estaba en mi vocabulario, tampoco lo estaba ‘remordimiento’. Parece que un libro de este tipo debe estar justificado, racionalizado y, por cualquier razón, vindicado. No tengo ninguna intención de justificar mis acciones o las de mis colegas, y mucho menos las de gente que a duras penas conocía. Este libro es meramente una observación y recuento de eventos reales que, en su momento, no parecían nada fuera de lo ordinario; de hecho, este libro podría ser escrito por cientos, si no miles,  de otros justo como yo. No es una novela ni una colección de dudosas anécdotas recogidas por algún mal informado ‘guerrero detrás del teclado’, es una historia verdadera o tan verdadera como mi mente me lo permite, de gente real. Has de ella lo que quieras, saca tus propias conclusiones.

Escondido en lo profundo de las páginas del Libro Guinness de las Canciones Hit en Inglaterra, recogiendo polvo  y escondido en algún sitio entre Moody Blues y Mott the Hoople, está una entrada solitaria y un tanto patética: “Derrick Morgan: vocalista masculino jamaicano; entró a las listas el 17 de Enero de 1970; título: ‘Moon Hop’; sello Crab Records, 1 semana en el puesto 49”.     

Para los no-iniciados e ignorantes devotos de todas las cosas de los setentas, ocupados pasando sus dedos entre ‘Ride a White Swan’, ‘Waterloo’ y ‘Staying Alive’ hasta el cansancio, las tan llamadas canciones “clásicas” de la década, a duras penas merecería una ojeada. Sin embargo, a aquellos que fueron cortados en un molde totalmente diferente, les puede llamar la atención, tal vez sacarles una sonrisa de aprecio e incluso evocar un cálido recuerdo de las palmeras de plástico y las luces interrumpidas del bar Bali Hai y de la música en la sala de baile Locarno.

‘Moon Hop’ entró en las listas de canciones en el primer mes de esa década llena de momentos y fue  una canción tan ‘underground’ como cualquiera de King Crimson, Yes o sus similares, que son más gustosamente marcados con esa molesta etiqueta. Lo que es más, ‘Moon Hop’ no está sola, ‘Movin’’ por Brass Construction, ‘Shadow’ por los Lurkers, ‘Another Girl, another planet’ por los Only Ones, solo tuvieron una efímera pasada por las listas pero su impacto e influencia se mantienen imposible de medir. Quita los deshechos, pela las impurezas e ignora la basura y encontrarás la música y la moda de un mundo totalmente diferente: mi mundo. Un mundo de trajes Tonik, estadios y The Maytals, de revueltas raciales, pines y The Clash a través del P.Funk, zapatos con plataformas y discotecas. La verdadera historia de la década más satanizada en la historia de la juventud británica, a través de mis ojos- mi ropa, mi música, mi violencia. Bienvenidos a los verdaderos 1970’s- no es ninguna Tierra de fantasía boogie (NdT: referencia a Boogie Wonderland, canción de EWF famosa en los 70’s).

Capítulo 7:  Una lección de Historia
 Debía tener 10, tal vez 11. En todo caso mi físico no daba para mucho. Llegué corriendo con mi cara llena de lágrimas y rabia, buscando lástima. A través de los mocos y las lágrimas, le dije a mi viejo “ese… ¡ese niño mayor me pegó!”.
“Bueno, pues golpéalo de vuelta” dijo mi padre como si fuera lo más normal. Detecté un guiño y una sonrisa e hice lo que me dijo. El escenario había sido puesto.

A medida que la soñadora, idealista y liberal década de los 60’s, llegaba a su fin, la querida y vieja Britania, que se había levantado la falda, tirado los zapatos y bailado descalza en el parque con el resto de Hippies amorosos de Timothy Leary, de repente recibió una abrupta dosis de realidad, y un recordatorio de que no estaba precisamente preparada para perder su cabeza y sus costumbres ante un montón de drogadictos del otro lado del charco.

Los ‘Hard Mod’s o ‘Peanuts’ habían llegado como los más jóvenes, más disfuncionales y odia Hippies, primos de los Mods a principios de 1968 y para mediados de verano del próximo año, los recién nombrados ‘Skinheads’- luego de coquetear un poco con el nombre ‘cropheads’- se habían apoderado rápidamente como el culto para la desencantada, blanca y working class juventud británica. Había sido un largo y caliente verano de violencia que empeoraba y aplastante Reggae. Desmond Dekker lideraba las listas y botas Bovver  resonaban a través de la nación. La nueva década se estaba preparando para lo que venía.

Enero de 1970. Aquél disco de Derrick Morgan pasó desapercibido entre las partes bajas de las listas mientras Rolf Harris cantaba sobre sus ‘Two Little boys’. Pantalones abombados (Ndt: en inglés dice Loon pants, que viene de Baloon que es globo, que son un tipo de bota campanas pero muy anchos de la rodilla para abajo) en terciopelo aplastado, flores en el cabello y solos de guitarra de 10 minutos no eran para mí. Tenía 14, edad perfecta para una era perfecta. Aunque honestamente hubiera deseado ser un poco más viejo. Había observado y aprendido desde afuera, me había abalanzado sobre cada periódico amarillista con sus titulares en letra gigante, llenos de las arriesgadas fechorías de mis héroes destrozando Margate y Weston, causando el caos en cada estadio del país.

Me había cortado el pelo como tocaba, robado los tirantes clip-on de mi viejo, y sentado en la bañera usando mis Levi´s en un fallido intento por achicarlos, resultando solamente en piernas manchadas de azul y un regaño de mi mamá. Había adornado el producto final  con un bonito dobladillo de media pulgada (Ndt. 1,25cms), y en una visita a una tienda de artículos militares en la calle Hotwells había comprado mi chaqueta bomber en gamuza y con cremallera, y adquirido las botas. Y éstas no eran cualquier botas: 30 chelines (ndt: antiguo sistema de dinero  inglés, en el que 1 chelín equivale a 5 peniques de los actuales) de cuero militar y taches tan grandes y pesados que yo tenía que dar tres pasos para que se movieran. 

Con razón caminábamos en esa forma tan distintiva- ese contoneo arrogante y de piernas arqueadas, los brazos enterrados en los bolsillos de cortas chaquetas de cremallera, o abrigos sheepskin, sobresaliendo en el ángulo correcto, preparados para molestar, empujar, bovverear  a cualquiera que se atreviera a cruzarse en nuestro camino.  Esta era la única forma de reconocer a un Skin, sorprendentemente no por el corte de pelo, que variaba en longitud entre una muy rara cuchilla #1 hasta un más común ‘corto a los lados y atrás’. Ni por las botas, que eran una atemorizante y variada mezcla de hobnails (ndt: con taches) ex –militares, NATO paratroopers hasta la pantorrilla, industriales Big T Tuf, o las terroríficas McCoys NCB con punta de acero. El caminado, eso es lo que identificaba a los Skins, el caminado. Una vez hube dominado el tan importante caminado ‘quítate-de-mi-puto-camino’, supe que había llegado. 

Hobnails (con taches)
Ex-militares


Había llegado bien, había llegado justo a tiempo para que todo empezara a cambiar. En menos de 12 cortos meses, los skins habían evolucionado. Era un caso de necesidad: la policía había declarado las punta de acero y las hobnails como armas ofensivas, y a cualquiera encontrado usándolas  probablemente se le decomisarían éstas o los cordones, o peor, sería arrestado. El cabello, que en realidad nunca fue lo suficientemente corto como para que se nos llamara ‘Skinheads’ (Ndt: nuevamente, Skinhead literalmente es cabeza de piel), estaba creciendo y la ropa se estaba volviendo más elegante. El look, que había sido sobre expresar orgullo de tu entorno working class o de tu ficticia dureza del Esta End de Londres, con las camisas sin cuello, chalecos de abuelo y todo lo ex –militar, estaba siendo reemplazado por algo más cosmopolita y pragmático, que las tiendas británicas de ropa de ‘gama alta’ estaban más que dispuestas a ofrecer.   
Camisa sin cuello
Chaleco de abuelo



Chaqueta Levi´s en pana beige
En materia de chaquetas, Harringtons negras, verde botella, e incluso a cuadros ‘principe de Gales’, competían con  chaquetas de jean azul o en pana Beige de Levi´s y Wrangler. Mientras que los Sta Prest Levi´s en blanco brillante, que en 1969 habían sido usados por todo Bovver boy que se respetara para la noche del Sábado o para el viaje en festivos a la playa, estaban ahora disponibles en un sinfín de colores, incluyendo mi favorito, verde oliva.  Por motivos prácticos los colores más populares de lejos eran el negro y el verde botella. Prácticos porque podías usarlos en el colegio con tu par de Brogues más brillantes, los cuales con una suela de cuero extra de media pulgada y ‘Blakeys’ (Ndt: una especie de punta de acero que se le pone a la punta de la suela para que no se desgaste) de acero agregados en buena medida, más que compensaban la ausencia de las botas bovver. Los Crombies, con el obligatorio pañuelo en el bolsillo del pecho, habían empezado a reemplazar los Sheepskins, los cuales muchos de los skins no podían pagar en todo caso, y las Ben Sherman a rayas ahora estaban disponibles en una infinidad de telas a cuadros, como también lo estaban las  más baratas e incluso más coloridas versiones de Brutus o Jaytex, por si tu  madre pensaba que 3 libras era mucho dinero que pagar por la camisa de verdad.

Royal Brogues


'Blakeys'

Sí, esto está bien, pensaba, tomaré algo de esto. Pero las botas, todavía necesitábamos las botas, ¿¡qué pasaba con las putas botas!?   Las viejas Hobnails te podían hacer ver duro, pero la única vez que las usé con rabia, contra un joven Greaser de Barnsley en el estadio a finales de 1969, me fui de cara al piso y me dieron una paliza.  Estaban bien para presumir en el colegio, correr y   deslizarse en el parque, impresionando a las jóvenes chicas con las chispas que salían volando, pero ¿calzado práctico y cómodo? ¡Olvídalo! No, consíguete un par de las nuevas, llamativas y elegantes Dr Martens Astronauts de 11 ojales o incluso las bonitas Monkey Boots. Por alguna razón que no logro comprender, escogí las Monkey Boots. Se veían geniales: negro brillante, café u Oxblood con cordones amarillos. El único problema con las Monkey Boots es que venían en tallas pequeñas  así que todas las chicas podían usarlas, pero las amaba, compré un par color Oxblood- qué nombre, incluso el betún sonaba duro (Ndt: Oxblood literalmente significa sangre de buey, es un color como vinotinto oscuro).

Dr Martens Hawkins  Astronauts 7-ojales



Monkey Boots
Así que eso era, esta vez definitivamente sí había llegado. Tenía mi ropa, tenía mi nuevo corte de pelo completo con  una línea del grueso de un lápiz rapada en el lado izquierdo, y tenía a mis amigos. Un crew decente a decir verdad, liderado por Waddsy que tenía que tener las Astros en rojo cherry, mientras Benny, Lil y yo, Browner, teníamos las, pobres en comparación, Monkeys. Seguro, había muchos más chicos- Mogger, Harvey, Tommo, Smo- pero nosotros éramos la crema y nata. Prácticamente todos los de nuestro año en la escuela eran Skinheads, al menos los que vivían en Council estates. Todos habíamos leído el libro por Richard Allen y podíamos recitar de memoria, palabra por palabra  las mejores partes del libro que llevaba aquél título.

Skinhead por Richard Allen
Joe Hawkins era nuestro héroe. ¿Y es que él, o Richard Allen, siquiera existían? ¡Ni una mierda! El día que descubrí que Richard Allen era de hecho un Canadiense de 40 años bajo el nombre de James Moffat y que Joe era un producto, uno muy creíble, de su descarriada imaginación fue comparable al día que descubrí que el tipo viejo vestido de rojo que venía a mi cuarto en la Navidad no era quien yo creía.  Pero ¿A quién le importaba? Joe era el hombre, cualquier cosa que Joe y sus amigos pudieran hacer en el North Bank de Upton Park, nosotros lo podíamos hacer en el Tote End de Eastville. Todos nos veíamos igual, actuábamos igual, y seguíamos las mismas reglas; por el West Ham de Joe, Browner tenía los Rovers de Bristol; por Plainstow, tenía a Henbury. No es que habitáramos el brutal mundo de pesadilla de Joe. El nuestro era el mundo real, y las dificultades de la gran ciudad, la pobreza y el conflicto racial de Plainstow no eran cosas que experimentáramos en el relativo confort de nuestro council estate de Bristol que limitaba con un amplio campo y desde el cual se podía ver el boscoso Blaise Castle State (Ndt: parque con un castillo). 

Hensbury, como la mayoría de Council Estates construidos en la Inglaterra pos-guerra, estaba habitado en su mayoría por familias honestas y trabajadoras, libres de los problemas de drogas y crimen  que los acecharía años más tarde. Las filas de inmaculados jardines frente a limpias casas con sus entradas y puertas uniformemente pintadas en el color estándar de los council estates, azul y verde, tenían una consistencia que se aseguraba de que ningún residente se sintiera mejor, o peor, que su vecino. Más aun, la renta que era pagada en efectivo cada semana estaba a un nivel que la mayoría de personas podía pagar; de hecho, el éxito de las casas de los council estates era un recordatorio del gobierno del Labour Party que había creado su utopía en los 50’s. Es una pena que, como las novelas de Richard Allen, eso era pura mentira, aunque hay que admitir que solo fue hasta años más tarde cuando Thatcher y sus amigos se empeñaron en abolir el socialismo, y con éste la clase trabajadora como  Inglaterra la conocía, que el sueño se convirtió en una pesadilla y degeneró en el olvido de abuso de drogas y crimen callejero que aún prevalece hoy en día.  Es más, los individuos que suscribían a las creencias de Thatcher se convencieron a sí mismos de que ya no eran clase trabajadora y se apresuraron a comprar sus casas en los council estates, instalar sus puertas tipo colonial y parquear sus Sierras en sus nuevos garajes, y al hacer esto negarle la posibilidad a futuras generaciones de vivienda limpia y al alcance económico-  ellos eran tan culpables  como la calculadora y desviada tirana.

El uso de drogas que se volvería tan común en los años siguientes en los council estates, era prácticamente desconocido para el movimiento Skinhead, y era considerado como un asunto del Hippie retirado de la escuela o del asqueroso Greaser. La mayoría de los Skinheads aborrecían las drogas, y a pesar de que sus primos mayores, los Mods, habían consumido Speed que mejoraba el desempeño, Purple Hearts y demás cosas parecidas, ningún skin que se respetara a sí mismo tomaría uppers (Ndt: anfetas, speed, drogas que aceleran), y ni mencionar las expande-mentes y alucinógenas drogas asociadas con los Hippies ‘qué rolloo tíoo’.

Si no eramos capaces de alardear de nuestra crianza en los duros centros urbanos, pues al menos podíamos emular a Joe y sus amigos en otras formas. A decir verdad, nuestra versión de crimen callejero y Aggro estaba limitada a sacar a escondidas LP’s de Reggae de la tienda por departamentos Jone’s, vandalizar cabinas de teléfono, y aterrorizar a la población Hippie local, que solían ser nuestros colegas estudiantes del verdoso Westbury. Incluso no pagábamos las tarifas de los buses, pero nuestro primer y único intento de provocación racial, cuando Waddsy insultó al feliz conductor jamaicano con un ‘No voy a pagar nada, wog (Ndt: expresión despectiva hacía los negros)’, resultó en él siendo golpeado en la boca y con nosotros siendo expulsados bruscamente del bus. Incluso teníamos nuestras armas de moda, y nos armábamos con peinillas ‘cola de rata’ (Ndt: cola de rata por lo delgadas) de acero afiladas, y tubos de 6 pulgadas, de bicicleta llenos de arena, aunque éstos solo los sacábamos para golpear los nudillos de los amigos mientras nos fumábamos un cigarro prohibido en el garaje de las bicicletas.

La vida en el estadio, era una cosa totalmente diferente.  Era allí donde entrabamos en nuestro elemento y vivíamos la fantasía de ser los chicos duros del Tote End, el infame lado del estadio de los fans de los Bristols Rovers. Rara vez instigábamos las peleas, que aparecían con alarmante regularidad, pero en todo caso íbamos como moscas a patear junto a los mejores de ellos cada vez que un pobre bastardo desafortunado de los visitantes se encontraba postrado en el suelo. El Tote End se convertiría en mi escenario, en el cual, esperaba yo, si me desempeñaba bien  y seguía el guión, me convertiría en una estrella. Pero en 1970, participando solamente desde los lados como el resto de mis amigos, no era nada más que un extra, con un papel pequeño.  Uno que, sin embargo, estaba más que dispuesto a aprender de las verdaderas estrellas y leyendas a quienes estudiaba, adoraba y soñaba con emular.

Había sido fan de los Rovers desde 1968, en los días en que ‘¡Ziggar zagger! ¡Zigger zagger! ¡Oi! ¡Oi! ¡Oi!’ resonaba desde las graderías. Increiblemente, y para mi eterna vergüenza, mi primer partido de fútbol en la vida fue en Ashton Gate: Bristol puto City vs. Blackburn Rovers, 0-0, una puta basura.  ¿Era realmente esto lo que eventualmente sería llamado el juego bonito? No sé por qué fui a Ashton, presión de grupo suena como una excusa bastante estúpida. En ese tiempo, el resto de chicos en nuestra calle eran fans del (Bristol) City, Inglaterra era el campeón del mundo y cada mocoso en el vasto territorio inglés quería ser el próximo Geoff Hurst, George Best, o en el caso de Bristol, el próximo John Atyeo o Alfie Biggs. Fútbol, fútbol, fútbol, eso era todo lo que quería en la vida; en vez de eso pude ver a algunos maricas en camisetas rojas haciendo el ridículo, y para empeorarlo todo, era al sur del rio.  

Hoy día el fútbol se ha vuelto aceptado, un tema compulsivo para que las clases habladoras  discutan durante la cena, hinchas famosos se divierten entre ellos y buscan la aceptación de la razón por la cual siguen a cierto club. ‘Estaba en mi sangre, mi padre me llevó a Henbury cuando tenía tan solo 2 días de nacido’, ‘Mi tío abuelo Ernie jugaba para el Liverpool’, ‘He seguido al Manchester United incluso cuando estaban al fondo de la tabla de posiciones’ (¿Y exactamente cuándo pasó eso?). Era su destino; ¡Y una mierda si era el mío! Mi viejo solamente se preocupaba por poner comida en la mesa y por cuidar sus fuchsias (Ndt: tipo de planta), mientras que mi hermano mayor no sabía la diferencia entre un Flat Back Four (Ndt: un tipo de formación defensiva de fútbol que no sé cómo traducir) y una flatulencia.

‘¿De quién eres hincha pá?’ le había preguntado a mi viejo, pensando que podría sacar un poco de inspiración de él. ‘¿City o Rovers?’
‘A ninguno, hijo’  dijo de la forma más natural, ‘ambos son una mierda’. No podía discutir con eso, eran basura, con el City pudriéndose al pie de la vieja  Segunda división, y los Rovers en la mitad de la Tercera. En todo caso, había valido la pena intentarlo. No, la razón por la que cambié mi lealtad y me convertí en fan a morir, azul de corazón, de los Rovers, no fue el destino o la fe ni ninguna otra bobada que los más recientes seguidores clase media de la Liga Premier dicen. Fue simplemente porque el Estadio Eastville, hogar de los Bristol Rovers, quedaba en la ruta del bus.

Era un día lluvioso en la mitad del invierno de 1968. Los rivales, de algún lúgubre pueblo del norte. Nuestro legendario bebedor-de-cerveza, fumador y sumamente subestimado delantero Alfie Biggs (eso es lo que yo llamo nombre de futbolista) dirigía a los Rovers. Y eso es todo- todo lo que puedo recordar acerca de mi primer partido en Eastville. Siempre he pensado que es raro, puedo recordar a los rivales en Ashton Gate y el resultado de mi primer juego en la vida, pero no mis primeros furtivos acercamientos a lo que se convertiría en el amor de mi vida. Lo que sí recuerdo es el estadio. Qué lugar, qué atmosfera, qué ambiente, pero sobre todo, qué olor- quedaba al lado de unas tuberías de gas. La lluvia permanente que emanaba de la torre de enfriado hasta en el más soleado de los días, humedecía la ropa, el pelo y hasta la piel. Era como una droga. Necesitaba mi dosis de gas cada dos días y no podía tener suficiente de eso. El lugar no se parecía en nada a Ashton Gate, que en el momento estaba cubierto solo en dos lados. Eastville tenía una larga y un tanto decrépita vieja gradería Sur de  madera, una larga y más impresionante gradería Norte, una terraza gigante y descubierta, y la Piéce de Résistance (Ndt: lo mejor): el Tote End cubierto (Ndt: los “Ends” son las graderías detrás de los arcos). Para mí el estadio Eastville era el Wembley del Oeste. 
Tote End

La violencia en el fútbol empezó a hervir a mediados de los 60’s. Era natural, chicos working class, con un poco de plata en los bolsillos por primera vez, y con acceso fácil al resto del país a través de la creciente red ferroviaria y de autopistas. Pero lo que necesitaba para de verdad despegar era un catalizador, algo que hiciera que todo se juntara y desencadenara todo su potencial sobre el desprevenido mundo. El catalizador había llegado en 1969 en la forma del Skinhead. Por fin un culto que estaba basado, y más importantemente, crecía con la violencia. Seguro, los Mods no se oponían al esporádico encuentro con los Rockers en las playas, pero los Skinheads perfeccionaron la idea y encontraron el escenario perfecto para llevar a cabo sus conquistas cada semana y no solamente cunado hubiera festivos. Pero a diferencia de todos los otros cultos juveniles que habían azotado a Inglaterra en los pasados 30 años, ellos habían encontrado al perfecto y siempre disponible enemigo: otros Skinheads.   

miércoles, 2 de febrero de 2011

Booted and Suited p.1

Booted and Suited es un libro escrito por Chris Brown, quien durante su vida ha sido un Hooligan y Boot Boy siempre siguiendo a su equipo de fútbol, los Rovers de Bristol. Desde 1969 empezó a asistir al estadio y a buscar Aggro con las demás barras. Estando desde hace tanto ,Brown presenció los cambios en la música y en la moda en la juventud británica, desde los skinheads, pasando por los suedeheads, smoothies, el glam, los soulboys, el punk, etc. viviéndolo todo de primera mano, y haciendo parte él mismo de todo esto. En este libro Brown narra sus experiencias a través de los años, y lo mejor es que se acuerda de todos los detalles. Acá está el primer capítulo del libro que sirve como introducción. Si les gusta por favor dejar comentarios y promocionar el blog. Si hay interés de la gente seguiremos traduciendo los demás capítulos periódicamente para que todos lo puedan leer. 

1. En busca de Wally
Recuerdan esos libros ilustrados para niños de unos años atrás llamados ¿Dónde está Wally? En los cuales tenías que encontrar a un tipo aburrido y con gafas, en un saco a rayas rojo entre un montón de personajes vestidos parecido. Tratar de encontrar cuando el primer Skinhead apareció en  Bristol, sin mencionar Inglaterra, es un poco como eso. No necesito mencionar que los primeros avistamientos fueron en Londres. Claro que lo fueron mi viejo amigo, ¿no esperarías que hayan sido en otra parte o sí? Esos Cockneys siempre han estado un paso delante de del resto del país ¿o no?

Dick Hebdige, el teorético y sociólogo de los medios británicos, dice que algunos Mods fueron vistos con botas y tirantes durante las notorias revueltas con Rockers en Margate y Brighton desde 1964, lo cual concuerda con las observaciones de Micky Smith en su libro Want some Aggro?, a pesar de que la primavera de 1968 parece ser la fecha más aceptada para el histórico debut. Respecto al lugar exacto en que vio la luz del día por primera vez, tanto Bermondey, como Willesden y Plainstow pueden aclamar que fueron el lugar de nacimiento del precursor de los actuales Hoodies.  

Una de las primeras instancias registradas en que este nuevo fenómeno juvenil apareció en público llegó durante la Gran Marcha de Solidaridad con Vietnam en Londres el 17 de Marzo de 1968: 30.000 marchantes anti-guerra fueron provocados e insultados por 200 “jóvenes locales con cortes de pelo bajos y vestidos con los colores del equipo de fútbol Millwall”. No es que estos chicos estuvieran haciendo una declaración política, su veneno estaba dirigido hacia la masiva congregación de Hippies y no hacia la participación de EUA en el sureste asiático - animales políticos no es lo que eran.

John Waters, un Mod original de los 60’s de Upper Holloway, Londres, recuerda vívidamente dos tipos de Mods muy diferentes: los fáciles-de-mirar Dandies del West End, y aquellos con un aspecto más duro, los llamados “Hard Mods” que estaban tan solo a un paso de ser auténticos Boot Boys del West End. Escribiendo en la página web Modculture.com, recuerda “Había dos tipos distintos de Mod dentro del área de Londres. El primero es el conocido Scooter Boy que se ha convertido en la cara generalmente aceptada del Modernismo de los 60’s. Sin embargo, había otro tipo de Mod en esos días. Estaban estos miembros de muchas firms (grupos, crews) Mods… Miembros de estas pandillas no se dejarían ver nunca en una Scooter, preferían andar en carro.”

Estos miembros de pandillas no solo tenían un aire diferente  sino que se vestían diferente, su estilo siendo más uniformado: “Eran meticulosos en su vestir, lo más común siendo los trajes de Mohair, abrigos con cuello en terciopelo y, en muchas ocaciones, el sombrero ‘Blue Beat’”. Dick Hebdige incluso expone la idea de que estos Hard Mods “empezaron a usar el pelo corto que artificialmente reproduce la textura y apariencia de los cortes de pelo Negros”. Incluso hay quienes dicen que los primeros Skinheads eran “blancos aspirando a Negros”, los primeros “wiggers” (Ndt: juego de palabras de White (blanco) y niggers (término despectivo para referirse a los negros)). Qué extraño entonces que, años adelante, los skinheads llegarían a estar siempre asociados con ser racistas de extrema derecha. 

Es difícil discutir entonces con que los primeros Cropheads evolucionaron de los agonizantes restos del movimiento Mod que se había dividido amargamente, e ido en direcciones diferentes direcciones una vez que el LSD remplazó la Dexedrina y Meher Baba influenció a Pete Townshend más que John Lee Hooker. Lo que es más difícil de determinar es cómo eran llamados los Boot Boys originales, Peanuts, Lemonheads, Cropheads y el previamente mencionado “Hard Mods”, fueron todos términos usados por los furiosos periódicos amarillistas, desesperados por encontrar un nombre para los jóvenes delincuentes a los que les echarían la culpa de todos los males de Inglaterra. Seguramente en esos primeros días “Skin”-heads (NdT: literalmente cabezas de Piel) se hubiera alejado bastante de la realidad. Presencien en la película de 1969 Bronco Bullfrog, en la cual el pelo de Bronco es más bien desordenado, y muy común, corto a los lados y atrás, mientras la principiante “estrella” de la docu-película, Dale, está constantemente sacándose el pelo de los ojos. Quítale sus botas talla 10 y estás de vuelta buscando a Wally.

Contrario a la creencia popular, el corte de pelo en sí no fue un descendiente directo del crew-cut americano, que prácticamente  no dejaba nada de pelo a los lados y atrás pero más largo arriba. A pesar de esto, siendo un poco divertido, a finales de los 60’s al personal militar de los EUA quedándose en este país (UK)  se les aconsejaba salir con pelucas para no ser confundidos con los nativos  hooligans con botas. Usualmente un pedido al barbero local de un “square cut” (corte cuadrado) resultaba en el efecto deseado. No fue hasta masomenos un año más tarde que el término Skinhead entró en el vocabulario inglés y se convirtió en la etiqueta que se quedaría por siempre con cualquier hooligan que tuviera un corte de pelo corto, con o sin las botas.  Incluso el primer ministro de ese entonces, Harold Wilson, hablando en el parlamento en 1969, usó la terminología para describir a ciertos rivales Torys (NdT: miembros del Partido Conservador inglés) como los “skinheads de Surbiton”. 

Sorprendentemente, a medida que el primitivo Skinhead ganaba protagonismo, no fue el corte de pelo sino el calzado lo que definió al culto. Sin embargo, las tan adoradas Doc Martens casi ni se usaban, eran sus grandes y feos hermanos mayores en forma de botas militares hasta la pantorrilla (calf-high paratroopers), botas de trabajo con punta de acero, botas militares con taches (army hobnails) o (mis favoritas) las infinitamente más cómodas Monkey Boots que eran la opción preferida. 

En Abril de 1970, el Evening Post de Bristol incluso decidió mandar a su reportera de moda Barbara Buchanan a buscar las “Bovver boots”. Llena de curiosidad sobre las botas, hizo el viaje hasta GB Brittons en Kingswood, que en el momento era el más grande productor de “calzado de seguridad” en el mundo- un absurdo cuando las botas estaban en manos, o mejor dicho en los pies de los jóvenes skinheads.

Jim Burriss, un director de la compañía, naturalmente estaba encantado con la última moda juvenil. Brittons había vistó un incremento en las ventas de calzado de seguridad con punta de acero de un 29%  en el último año, pero no deseando ponerse del lado de los bovver boys, discutía que el aumento se debiera solo a ellos. “Es una mayor atención a la seguridad en las fábricas, además de  nuestro equipo de vendedores de primera calidad” dijo. Lo que tú digas Jim. Y para obtener más credibilidad añadió que creía que las tiendas de ropa del ejército eran una fuente más probable del deseado calzado. “Las viejas botas del ejército pueden ser muy letales… y hay suficientes de ellas disponibles en tiendas de equipo militar”.

La intrépida reportera luego probó suerte en una de estas tiendas sin mencionar su nombre, donde el propietario mencionó que más y más jóvenes estaban comprando cierto tipo de bota que “tiene una suela muy pesada y la parte de arriba muy liviana, son maravillosamente cómodas para andar en ellas pero los chicos las están comprando por moda”. Sólo puedo adivinar que está refiriéndose a las Monkey Boots ya que obviamente las Doctor Martens no encajan en esta descripción. Cuando le preguntaron si los chicos compraban las botas con taches de aspecto letal, la respuesta fue que lo hacían, y a 52s 6d (menos de 3 libras esterlinas) eran mucho más baratas que las demás pero al parecer era la anteriormente mencionada bota sin nombre, la que querían.

Irónicamente Doc Martens llegó a ser la bota sinónimo de Skinhead por un raro giro del destino. Más tarde en 1970, la policía a lo largo del país decidió que las botas con punta de acero debían ser clasificadas como armas ofensivas y que a cualquier persona que las usara se le podían confiscar, e incluso podría terminar arrestado. La prohibición produjo el cambio por las DMs, y en prácticamente unos meses se convirtieron en lo más común, con su simple y utilitario diseño convirtiéndose tanto en una declaración anti-moda, como en un saludo a sus raíces working class.

Por supuesto podrías responder “¿Y qué? ¿Realmente importa por qué y dónde empezó todo? Haz click en Wikipedia, busca mods y encontrarás expresiones adornadas y en prosa como “filosofía existencialista”, “jóvenes clase media” y referencias a películas de la nueva ola francesa y “un gusto por el Jazz”- bonito. Haz click en skinheads y se empiezan a erizar los pelos de la nuca y a aumentar la sensación de amargura: “sistema de clases estancado” y “subcultura de clase trabajadora” saltan ante tus ojos y – oh sorpresa- una vez salimos de la corta historia, hay un montón de capítulos sobre racismo, anti-racismo y políticas- no muy bonito.  Es todo clínico y descriptivo también. Con las acertadas, pero obvias, referencias a la influencia de los antillanos Rude Boys y el amorío de los skinheads con el Ska y el Reggae- pero eso es todo. Nada que de verdad te llegue.

En algunos aspectos, los primeros skinheads tenían una gran afinidad con la contra-cultura de los punks que irrumpirían en escena escupiendo y gritando menos de una década más tarde. Un joven Skinhead del East End citado en el libro The Paint House de editorial Penguin Educational, dice “En todas partes hay putos jefes… siempre están intentando decirnos qué hacer… No importa qué hagas, a dónde vayas, siempre están ahí. La gente en la autoridad, la gente que te dice que hacer y se asegura de que lo hagas. El sistema en el que vivimos, es el sistema del gobernante.”

Como los anarquistas de finales de los 70’s los Skinheads salieron no solo de la decepción con aquellos en la autoridad, sino también con el pop y sus excesivas trampas. La súper-coolness de los ‘swinging sixties’ cuando la música y moda de Londres gobernaban el mundo estaba en su decadencia. El verano del amor de 1967 fue la última gota, la música había perdido su rumbo, la moda había perdido la cabeza, y el pelo, bueno, eso era simplemente buscar problemas. La juventus working class necesitaba su dosis de adrenalina tanto como la más culturizada clase media, pero, mientras los tipos estudiantes de escuela de los verdes suburbios escapaban de sus vidas sumergiéndose en la llamativa, expresiva e inducida por las drogas, cultura hippie; los chicos  de escuela comprensiva, habitantes de los Council Estates (NdT: algo así como vivienda de interés social) de concreto intentaban volver a épocas pasadas. Extrañaban un tiempo en que la vida era más simple y trataban desesperadamente de rescatar el sentido de tradición en la rápidamente cambiante Inglaterra. Una tradición, que para ellos, el movimiento Hippie estaba esforzándose al máximo por destruir. La dinámica social detrás del culto Skinhead es obvia, inequívoca, y no puedo hacer suficiente énfasis en ella.

Afortunadamente, esos eran los días en que la clase trabajadora era mirada con cierto afecto. 40 años han pasado y la clase trabajadora ha sido reemplazada por la subclase de encapuchados inspirados en la India-para la sal de la tierra ahora léase la basura de la tierra.

A menudo se ha dicho que los Chavs de hoy en día con su ropa deportiva, no tienen respeto por nada ni por nadie alrededor de ellos, deliberadamente se cubren las caras y tapan sus cabezas bajo capuchas o sus omnipresentes   cachuchas a cuadros. No es respeto por los demás lo que estos Hoodies (encapuchados) no tienen, sino respeto por sí mismos, algo que la primera generación de Skinheads tenía por montones. Pregúntale a cualquier Skinhead de la época y te recordará constantemente de cómo respetaban a los viejos, adoptaban la tradicional ética británica del trabajo, amaban a su país, a sí mismos, y más importantemente, a sus mamás. 

Mientras el culto Hippie y Flower power tenía raíces débiles, el Skinhead tenía unas fuertes basadas en valores tradicionales británicos. Los skinheads veían a los hippies con su mantra de individualismo, toma de drogas, amor libre y hacer sus cosas, como al enemigo en el interior. Como un ‘Peanut’ de 16 años dijo bruscamente en una entrevista en 1968 cuando le preguntaron a qué se oponía, “pelo largo, pop, reuniones y ocupaciones hippies, y el culto pelilargo a la no-violencia”.

La reacción al movimiento Hippy y a su música con citaras, campanas y los obligatorios solos de guitarra de 10 minutos, fue tan extrema como rápida. Los skinheads escogieron exagerar totalmente su trasfondo de clase obrera   y deliberadamente acentuar su imagen dura: tirantes, botas de trabajo sumamente expuestas, pelo corto, camisas sin cuello – todo parte del esteriotipo de la clase obrera.  Incluso podría decirse que estaban haciendo una declaración política, pero en ese entonces la política era lo último que le pasaba por la cabeza a un joven Skinhead, realmente no les importaba mucho Vietnam, Tariq Ali o el CND; sus pensamientos estaban en otro sitio. Son esos pensamientos los que espero  contar en los siguientes pocos capítulos- pensamientos, memorias y anécdotas de esos primeros Skinheads, esos chicos y chicas que estaban cuando los Mods se acabaron, guardaron sus parkas y amarraron sus botas. Bienvenidos a Booted and Suited (NdT:en botas y traje).    

lunes, 31 de enero de 2011

Harrington

¿Qué es?
La famosa Harrington está disponible en casi todos los colores imaginables y de ella han sacado versiones decenas de marcas como Fred Perry, Lacoste, Ben Sherman, Merc, Izod, y un largo etcétera . Sin embargo los detalles que mostramos en las imagenes anteriores son los básicos de una Harrington, existen pequeñas variaciones pero los anteriores son los originales, los detalles que tenían las chaquetas en su inicio cuando eran conocidas como la Baracuta G9. En la foto tal vez no quede muy claro, pero la parte trasera donde está en puntas, no está totalmente cosida a la espalda, entre punta y punta está suelto para que entre aire y sirve como ventilación. Por ésta razón el corte no es como el de una chaqueta normal, las mangas no están unidas al resto de la chaqueta por costuras en los hombros sino que van hasta el cuello (ver hombros en la primera foto).

Relación con los Skins
La historia de esta prenda con el movimiento viene de más atrás de sus inicios. Los Mods fueron de los primeros en adoptar la emblemática chaqueta entre su vestuario, y dada su utilidad, ésta trascendió a la siguiente generación y los Skins continuaron usandola, y de hecho mucho más, por lo que se asocia más a ellos. La razón del uso de esta chaqueta es la influencia Estadounidense. Tanto los Mods, como los Skins admiraban el estilo norteamericano y usualmente buscaban inspiración en él. Esto es por varias razones, por ejemplo tras terminar la segunda guerra mundial quedaron instaladas en el reino unido varias bases militares de EUA, los soldados de allí salían a los clubes y se mezclaban con los jovenes ingleses, de allí vienen varias influencias, como el gusto por el RnB y el Soul, además de estéticamente el cabello corto, algunos abrigos como el Pea Coat (Marinero), etc. Más tarde a finales de los 60's, con la llegada del hombre a la luna los jovenes ingleses miraban nuevamente con admiración a los estadounidenses, pero esta vez a los astronautas, con su cabello corto y sus camisas button-down.
Pero para no desviarnos del tema, la influencia específica que promovió el uso de ésta chaqueta fue la Ivy League. Ésta es un término que agrupa 8 de las mejores universidades privadas de EUA, y que tenían su estilo de vestir definido, y especialmente popular durante la década de los 50's. En los campus de estas universidades se usaban blazers azul oscuro,  Loafers, pantalones sin dobladillo abajo, etc. Y este look fue una gran influencia para los Mods. Entre la ropa casual del estilo Ivy league se encuentran chaquetas de Golf, que son bastante comunes aún hoy en día, especialmente las Ralph Lauren, un ejemplo de estas chaquetas son las siguientes:



Baracuta que era la compañía que originalmente fabricaba la Harrington, la exportaba a los EUA, en donde era muy popular entre los golfistas por sus detalles únicos. Así la famosa chaqueta  fue inventada en UK, popularizada en EUA, y adoptada de vuelta en UK por los jovenes Mods que la asociaban con el estilo americano. De hecho antes de que la chaqueta ganara su actual nombre,  los Mods la llamaban 'Ivy Jacket'. Es importante ver que hay varias diferencias entre una Harrington y las demás chaquetas de golf mencionadas, por ejemplo las de las fotos, algunas no tienen elástico en mangas y cintura, o los bolsillos son simples, no tienen tapa, el cuello también es diferente, en punta y sin botones, etc. y la mayoría no tiene forro interior Tartán. Pero el estilo básico es parecido, y por eso se empezaron a usar, pero es importante dejar claro que la Harrington es una chaqueta inglesa en su totalidad, inspirada en el estilo norteamericano.

Ya a finales de los 60's cuando el movimiento Skin se "consolidaba", la chaqueta no siempre fue tan popular, durante el 68-69 no era muy común, sino que se preferían chaquetas de jean o Donkeys. El uso extendido de la prenda empezó tarde en el 69-70, cuando el pelo ya no era tan corto y se extendió hasta el '73. Se usaban de todos los colores, pero según varias versiones el más popular era el Beige, también colores vivos como el verde botella, el rojo, el azul cielo o el azul marino. Las harringtons en negro no fueron muy populares durante la época de los Skins originales, y son más bien un fenómeno más tardío de la época del 2Tone y el revival. En años posteriores como el 73 se usaban con el forro por fuera por algunos pocos, pero no era algo extendido.

Las chaquetas venían en diversos materiales, puede ser de mezclas de algodón, poliester, lana, incluso gamuza. Algunas obviamente más pesadas que otras debido al material, y algunas calientan más, por lo que se pueden usar para cualquier clima. Su popularidad se debe en parte a esto, son muy versátiles, se pueden usar en cualquier clima, y además con cualquier cosa. Lo más natural era usarlas con camisa debajo, o con polo que eran las prendas favoritas de la época, pero con camiseta no se ve mal.  También van bien con jeans o Sta prest .


Fotos más actuales en las que se puede ver telas de cuadros, de varios colores y de diferentes materiales:





Historia de la prenda
La chaqueta que hoy conocemos como Harrington apareció por primera vez en Inglaterra en 1937 bajo el nombre de la G9. La compañia que la fabricó fue Baracuta, a cargo de los hermanos John e Isaac Miller. El tartán utilizado para el forro interior es el llamado Fraser. Un tartán es un tipo de tejido a cuadros usualmente asociado con Escocia, desde mitades del siglo XIX los clanes y familias importantes de allí adoptaban algún tartán como representativo, y lo usaban usualmente en sus prendas para identificarlos. Baracuta le pidió permiso en 1938 al entonces jefe del clan Fraser,  el 24avo Lord Lovat en el castillo Beaufort, para usar usar su tartán en el forro interior.

Como ya mencionamos arriba, la G9 pasó a ser muy popular entre los golfistas de EUA,varias celebridades norteamericanas utilizaban la chaqueta, entre ellos Elvis Presley, Frank Sinatra y Steve McQueen.

 Los Mods miraban a EUA en busca de inspiración en el estilo Ivy League y así fue como terminaron adoptando la G9 como parte de su vestuario. Y una parte muy importante de la historia de esta chaqueta es la obtención de su nombre. Peyton Place era una telenovela de EUA que salió al aire en UK en 1965, en ella uno de los personajes se llamaba Rodney Harrington (interpretado por el actor Ryan O'Neal) y usaba la chaqueta, como podemos ver en la siguiente foto. Desde entonces la G9 fue bautizada como Harrington por los jovenes ingleses y así es conocida en todo el mundo.

Baracuta todavía existe hoy en día y continúa haciendo la G9 en su corte original, además de hacer una versión 'slim fit' más entallada. Adicionalmente fabrica abrigos, y tiene su línea de polos, sacos, cardigans, etc. Todos los cuales se pueden ver en la página oficial AQUI, aunque es un poco caro y encontrar una por acá es imposible.  Solo quedan las versiones, de Aggro, Urban y muchas otras distribuidoras que no tienen los detalles de las originales, pero que en algunos casos tampoco están mal.