miércoles, 25 de mayo de 2011

Booted & Suited. Capítulo 11: Strides and shooters


Nota: fotos y links agregados por nosotros.
Links a los capítulos que publicamos anteriormente:

Capítulo 11: Strides and Shooters                                                                                                                                                                   
Para entonces la Escuela de Henbury ya había tenido suficiente de Dennis Wardell y sus secuaces, y lo inevitable sucedió. Waddsy y Benny fueron expulsados por su enésima fechoría. Las autoridades de la escuela habían visto a Denny como el jefe de una problemática subcultura y su expulsión fue veloz. Nunca lo volví a ver. Benny se unió al ejército, y así continuó siendo un hooligan  pero ahora le pagaban por ello. Su predilección por golpear mariquitas encontró una mayor satisfacción en las fuerzas al servicio de Su Majestad que la que jamás hubiera podido conseguir en la vida de civil.

La expulsión tuvo el efecto deseado, la escuela volvió a la normalidad y yo regresé a mis O-levels. Ahora estábamos sin líder, una manada sin el macho alfa, pero eso no duraría mucho. Estábamos en el último año de la escuela, más grandes y mejores cosas se veían en el horizonte.
Enero de 1972, tercera ronda de la copa FA – un excelente evento, visitantes ante Leeds United, la crema del fútbol británico, Billy Bremner, Norman Hunter, Jackie Charlton y todos los demás. Éste iba a ser nuestro verdadero momento de gloria, aggro en Yorkshire bajo un cielo gris-metálico. El Tote estaba en una racha, nada podía detenernos ahora, estábamos en las grandes ligas… por alguna razón, no me lo creía ni un poco.
Salimos de los trenes, cientos, miles de nosotros, ansiosos y dispuestos. Todos los chicos estaban allí: Ricky Lee, aun regocijándose en la gloría luego de lo del partido en Stoke, su fiel acompañante, Sparky, llamado así por su habilidad para noquear (Ndt: ‘spark out’ en inglés) a sus oponentes con un solo puño; el alto, delgaducho y siempre dispuesto Tom Slick. El confiable y con clase, Rob Boyle, Tim ‘que-nadie-corra’  Bass, y el incontenible Andy Phelps y propia pandilla, ‘The Tramps’ (ndt: Los Vagabundos), componían el resto.

Había un montón de lealtades confusas en este partido. Leeds United era un club grande, tenían bastantes seguidores dentro del Tote, junto con Chelsea (mi otro equipo), Manchester United, West Ham y muchos otros. Todo el mundo era hincha de algún otro club, aunque por alguna razón no podía imaginarme que el otro equipo de un hincha de Leeds United fuera los  Bristol Rovers. Los vimos por primera vez en el basurero junto a Elland Road. ¿El basurero junto a la calle Elland? Si todo el puto pueblo era un basurero. Aun así, los chicos se veían bien, muchos pantalones anchos a cuadros, al estilo Rupert Bear, amarillo brillante con rayas negras y gruesas, brutales abrigos sheepskin- los necesitaban ya que hacía frio como un putas en el norte. Pelo hasta los hombros, ni un skin a la vista, los tiempos estaban cambiando. Las botas aún se veían, muy brilladas y muy usadas a juzgar por como se veían. Eran chicos con estilo y lo sabían. Merecían mucho respeto… aunque no lo recibieron, en vez de eso recibieron una buena paliza.
“¡Vayan por el chico grande de allá!” nos ordenaba Tim Bass como era normal. Tim no debió haber sido un hooligan – no porque no fuera apto para el trabajo, sí que lo era, sino porque tipos con nombres como Tim, Nick o Simon simplemente no podían ser rufianes. Los rufianes tenían nombres como Dave, Steve, Andy o si acaso, Chris. ¿Pero Tim? No, ese era el nombre para un idiota de colegio. Había otra razón por la que Tim no debió haber sido un hooligan verdadero, su viejo era un poli. No le sirvió de mucho en todo caso. Tim en sus días estaba entre los mejores. Ver a Tim siendo perseguido en Stapleton Road por su viejo era algo que ver, pero no le hacía mucho bien a su reputación.

“Nah, déjenlo tranquilo, el pobre bastardo tiene un bastón, no podría salir corriendo así quisiera”, respondió Harvey compasivamente. ¿O es que acaso su comentario tenía algo que ver con que bajo su crombie, atada a su amplia cintura estaba una bufanda blanca, azul y amarilla del Leeds United? El grandote smoothie nos sonrió, y balbuceó algo en voz baja, por alguna razón creo que no dijo ‘gracias’. Le dejamos solo para que siguiera su camino por Elland Road  junto a media docena de sus amigos, todos sonriéndonos desde el otro lado de la calle. Tuve el presentimiento de que no sería la última vez que les veríamos.

Entre más nos acercábamos al estadio, más amenazador era el ambiente. Luego de la pequeña pelea, llegó la ley y nos escoltó hasta dentro del estadio, sin paradas, sin pubs, sin tomar, sin ni una puta mierda.  Estos polis eran profesionales, estaban acostumbrados a aggro a gran escala, no a mariquear con unos principiantes de algún pequeño y aburrido pueblo donde pasar vacaciones. Salimos relativamente ilesos, unos cuantos ladrillos y botellas que nos lanzaron y uno que otro intento de pelea, pero la ley se mantuvo al mando. Llegamos al estadio en una sola pieza, y todos soltamos un largo y frio suspiro de alivio.
Elland Road era el primer gran estadio al que muchos de nosotros habíamos ido. Se notaba, estábamos asombrados. Pensamos en tomarnos el Gerald Road End ¡sí cómo no! lo pensamos por un milisegundo. Algunos pobres bastardos lo intentaron y a duras penas vivieron para contarlo. Aun así, tuvieron una buena recepción  cuando la poli escoltó lo poco que quedaba de ellos a través del borde de la cancha y de vuelta a las relativamente seguras graderías de visitantes. Alguien debió haberles avisado a los fans de Leeds que este era nuestro lado, había casi tantos de ellos como de nosotros allí.

“¡Ay up, ay up, ay up, ay up!” les provocábamos. No es molestando, en verdad hablaban así. Nos burlábamos de su afeminado apodo: “Hey amigo, ¿a un peacock  hembra se le llama entonces pea-cunt (ndt: juego de palabras, peacock es pavo real, cock es jerga para verga y cunt es jerga para vagina, que también es un insulto)?”  grité, satisfecho conmigo mismo, especialmente cuando todo el mundo  se rió, incluidos los fans de Leeds.  Hubo varios comentarios sobre relaciones entre galgos y pichones, respondidos con otros sobre tractores y abono- sabíamos que iba a haber pelea, y no tendríamos que esperar mucho.

Ellos marcaron un gol temprano, el primero de cuatro. El Tote se lanzó sobre  los fans de Leeds que estaban agrupados frente a nosotros; ahora no había lealtades divididas, éramos nosotros contra ellos. Harvey se lanzó corriendo hacia el chico que había estado mirando con genuina admiración sus iniciales bordadas en el bolsillo de su crombie, una moda popular en Bristol pero que aún no se había extendido a Yorkshire; no se habría visto bien en sus sheepskins en todo caso.  La ley hizo presencia rápidamente, calmando las cosas con bolillos y perros, y todo había acabado antes de comenzar. Luego de unos 12 arrestos, incluido el de Dobbsy, quien más tarde sería multado unas insignificantes 5 libras esterlinas, y una inestable paz se había establecido para el medio tiempo. Los Rovers perdieron 4-1; no esperábamos mucho más que eso. Éramos un equipo promedio de 3ra división, ellos eran uno de los mejores equipos del país. Nuestro único pensamiento era regresar a la seguridad de la estación. Debíamos marcharnos antes del pitido final. 

“Tomemos un bus de vuelta, no quiero caminar”, sugirió Lil. No necesitamos de mucha persuasión. “Bien pensado, Lil”.
Los buses estaban alineados listos y esperando. También lo estaban los fans de Leeds. Mantuvimos nuestras cabezas bajas y nuestros cuellos (de las chaquetas) levantados y llegamos en una sola pieza a la estación. A juzgar por el estado de algunos fans de los Rovers que llegaron a la estación más tarde, nosotros fuimos afortunados. La larga caminata desde el estadio había tenido sus consecuencias en algunos Tote Enders. Nos reagrupamos, lo necesitábamos, los de Leeds estaban saliendo del metro al otro lado de la calle, cientos de ellos, como un enjambre de hormigas. No lo podía creer. Ya nos habían vencido 4-1, ¿qué más querían de nosotros? ¿Sangre? Obviamente sí. Danzaban a través del tráfico en un movimiento orquestrado, claramente realizado muchas veces en el pasado. Estábamos acorralados contra una salida lateral de la estación de trenes, grandes y pesadas rejas de metal  impidiendo nuestro paso a la seguridad del tren.

Se abalanzaron, nosotros estábamos en confusión. “¡Que nadie corra!” dijo Timmy, quien decidió mantenerse. Nos unimos a él, seguridad a través de la cantidad. Los que sí decidieron correr eran como gallinas sin cabeza, corriendo a través del tráfico, de vuelta al estadio, para ser rodeados por más  fans de Leeds que seguían apareciendo en las calles, pitos de carros, botellas rompiéndose, gritos, alaridos, los sonidos de la violencia. Los que nos quedamos nos estábamos manteniendo. No teníamos complejo de inferioridad, éramos tan buenos como ellos, si es que no éramos mejores. Y al final, no nos fue tan mal, pateé a un imbécil de Yorkshire justo en las bolas, y me golpearon en la cabeza como respuesta.
Fue ahí cuando lo vi, al smoothie con el bastón. Excepto que el bastón se había transformado mágicamente en un palo de Golf hierro 8. Sorprendentemente también se había curado de su cojera.  Ahora se encontraba persiguiendo a un desafortunado Bristoliano a través de Elland Road, agitando el palo a través del aire y lanzando el golpe con gusto. El sonido del hierro  chocando contra hueso me recordó mi viaje a Gales y me estremecí en un dolor compartido al tiempo que otro cráneo era fracturado en nombre del fútbol. Las puertas atrás de nosotros se abrieron. La policía intentó calmar la violencia y nos llevó hasta la plataforma, pero aún no había acabado. No había líneas que separaran a los fans peleando y el caos reinaba; personas que simplemente estaban paradas ahí antes se vieron envueltas en la pelea. Nos dirigimos a la relativa seguridad de nuestro tren. Bueno, pensamos que sería seguro…

  “Mierda, se subieron al tren. ¡Atrapen a los hijoputas!”
Estos bastardos no se rendían en su búsqueda de aggro. Tenían un apetito insaciable y nosotros éramos el plato fuerte del menú. Respondimos, pero era una pesadilla pelear en los confinados espacios de los compartimientos. Ventanas fueron rotas y un extintor de fuego fue activado. El Tote se estaba reagrupando a medida que más y más de nosotros nos apilábamos dentro del tren, algunas armas estaban siendo sacadas. Navajas, cadenas, peinillas de acero afiladas, todas estaban a la vista, cortando y lastimando. Eventualmente logramos expulsarlos, junto a la poli local, que aparentemente ya había visto todo esto antes.  Faltaba sin embargo, un tiro de despedida. Literalmente.

Nos sentamos en nuestro relativamente ileso compartimiento, Harvey, Lil, Mogger, Terry ‘Arkle’ Macallum (llamado así por saltarse una cerca en Shrewsbury con un salto asombroso. No estoy seguro si estaba persiguiendo a alguien, o si por el contrario, y más probablemente conociéndolo, estaba siendo perseguido por alguien), Johnny ‘ojos-azules’ Watt y yo.
“Buena pelea, ¿eh chicos?” dijo Arkle.
“Sí, genial.”
“¿Me vieron golpear a ese grandote de mierda?”
“Sí, y qué hay de mí. Me dieron una buena paliza…”
“A mí me dieron una patada en todas las pelotas, caí al piso como una bolsa de mierda…”

Toda la basura auto-engrandecedora de siempre, cada uno de nosotros intentando superar a los otros, historias que seguramente serían embellecidas con el pasar de los años.  El tren lentamente arrancó. Nos sentíamos satisfechos con nosotros mismos, y aliviados de haber salido relativamente ilesos. 

Todos nos arrumamos contra la ventana para dar nuestras despedidas a esos vagos de Yorkshire, todavía reunidos en la plataforma.
“¡Dame una RRRRRRRRR!” empezamos a gritar. “¡Dame una OOOOOOOOOO!” pero nos detuvimos súbitamente. Johnny Ojos Azules fue el primero en verlo: “¡cuidado ese pequeño hijoputa nos va a lanzar algo!”

Metió la mano dentro del crombie, que debía ser uno de los únicos que quedaban en Leeds. Esperábamos una botella, o un ladrillo, nos preparamos, o más bien nos cagamos del susto, cuando vimos el barril negro de una pistola saliendo de su bolsillo.
“¡PUUUUUUUUUUUUUTA!” gritamos en unísono. “¡Tiene una puta pistola!” Y la estaba apuntando directo a nosotros, una pistola negra y de barril grueso. No, esto no puede estar pasando, pensé, pero lo estaba. Disparó justo cuando todos nos lanzamos al suelo, el sonido del disparo y el de la ventana rompiéndose fueron simultáneos.  Todos los vidrios nos cayeron encima, alguien se cagó en sus pantalones; nos dispararon, nos disparó algún pequeño malparido de 16 años que intentaba mejorar su reputación. ¿Por qué a nosotros? Pensé, ¿por qué desperdiciar el tiro en una banda de fans de mierda como nosotros? Podría entenderlo si fuéramos Manchester United o Liverpool. Tal vez lo hacía todas las semanas, tal vez el aggro en la Primera División era así todas las semanas. Tal vez era el momento para dejar todo esto atrás, pensé. 

Nos levantamos en completo silencio. Así nos mantuvimos por varios minutos. Estábamos en shock. Entonces la puerta de nuestro compartimiento se abrió. Tom Slick se asomó “¿y qué putas pasó acá?”
“Oh, casi nada” respondí, “solo que nos dispararon, eso es todo”.
“Claro, cómo no” respondió Tom, se volteó y se fue. “Bastardos mentirosos.”


jueves, 7 de abril de 2011

Booted & Suited. Capítulo10: Noticias de primera página

Nota: fotos y links agregados por nosotros.

Uno de los mejores capítulos del libro en mi opinión, muchos detalles de la ropa y muchas canciones muy divertidas para escuchar. Perdón la demora con la publicación, intentaré poner artículos de otras cosas si me vuelvo a demorar tanto entre capítulos del libro. No dejen de visitarnos, recomienden el blog a sus amigos y agregennos al Facebook acá: link.

Capítulo 10: Noticias de primera página

Odio el verano, por razones obvias, Por alguna razón no me emocionaba el Cricket, pero el verano de 1971 fue bueno. Aunque el término genérico ‘Skinhead’ aún era común, el largo del pelo y la moda estaban cambiando a una velocidad alarmante; casi que podías escuchar el pelo creciendo en Willesden y claramente se estaba esparciendo con rapidez al resto del país. Había muy pocas cabezas realmente rapadas incluso en 1969 y ahora, dos años más tarde, los hombres, al igual que el favorito de los del North Bank del Arsenal, Charlie George,  estaban incluso empezando a adoptar el ‘feather cut’ que había sido popular entre las chicas.

Suedehead con 'feather cut'


Los últimos 12 meses habían presenciado la aparición de una versión más conservadora y bajada de tono del skin; habíamos dejado crecer nuestro pelo y nos habíamos puesto nuestros brogues. Para 1971, ‘Suedeheads’ se había vuelto la etiqueta más común, aunque ‘smoothies’, que se refería tanto a nuestro estilo de ropa como al largo del pelo, también era usado. ‘Brolly boys’ fue otra etiqueta que se nos daba por los periódicos más sensacionalistas, debido a nuestro gusto por las sombrillas  con puntas afiladas, que se habían convertido en nuestra más reciente adición a nuestro arsenal. Richard Allen no demoró en ponerse al día. Sus más reciente ofertas literarias protagonizadas por el antihéroe Joe Hawkins, Suedehead y Skinhead Escapes, nuevamente se vendían por millones y llegando a las listas de los más vendidos en WH Smith, para la molestia de nuestros profesores de inglés.

Las Ben Sherman todavía eran populares, pero los cuadros y rayas estaban pasados de moda. Ahora eran en un solo tono blanco o negro, incluso café chocolate, los sacos Fair Isle fueron confinados al fondo del armario y los tirantes fueron devueltos a tu viejo más rápido de lo que podías decir ‘Austins’.
Sacos Fair Isle

Mr Zeus, Harry Fentons, Beau Brummel y Austins estaban allí disponibles para la ropa elegante. Stone-Dri, Keedons, Rodney Thomas, e incluso Millets, vendían lo básico. Pero Austins fue siempre la tienda de ropa para Suedeheads; podía entrar por una puerta como un Yeti y salir por la otra más suave (smoother) que las partes calvas de una serpiente. Abrigos Abercrombie, chaquetas a cuadros Príncipe de Gales y Pata de Gallo, iridiscentes chaquetas Tonik (al igual que los Crombies, no las verdaderas hechas por Dormeuil, pero sí una perfectamente respetable copia hecha por Levi´s y CTs), Oxford bags, la pinta completa. Había una gran atención al detalle: botones para corbata insertados no a través de una corbata, sino en el bolsillo del pecho sosteniendo un pañuelo de seda o una versión de tres puntas con los colores de tu equipo montado en un pedazo de cartón, escudos de los clubes de fútbol  o tus iniciales bordadas en blazers Barrathea aperturas traseras. Las chicas se veían preciosas en sus trajes Trevira de dos tonos y sus medias con algún diseño. Las botas estaban en su lecho de muerte, aceptables en las graderías, pero en los clubes no veías nada de ellas. Los Brogues se habían vuelto populares entre Suedeheads y todavía se veían mucho, al igual que los Loafers con borlas, ‘wegians’ tipo tejido de canasta (Basket weave Norwegians) y ‘bovver mocs’-pesados mocasines de suela gruesa, los precursores del zapato de plataforma.
Chaqueta Tonik
Oxford bags

















Todos teníamos trabajos de medio tiempo, nada especial. Yo trabajaba en el supermercado de Gateway arreglando los estantes, en donde los únicos bonos era robar tantas barras de chocolate Mars  como pudiera y mirar las tetas de las cajeras en la bodega. Aun así, el poco de dinero extra nos permitía ir a la ciudad una o dos veces por semana si teníamos suerte, a nuestro sitio favorito, el Locarno.

El Bali Hali era exactamente como sonaba: palmeras de plástico y flores pintadas en las apredes. Incluso podías oler los aromas exóticos del paraíso, ¿o acaso era ‘aquel gran olor a Brut’? No era una isla del sur del pacífico bañada en sol, sino un montón de mierda construida en los 60’s llamada el Nuevo Centro de Entretenimiento en la calle Frogmore. Aun así, nos bastaba para las noches de lunes y sin fútbol por un par de meses.

Había habido algunas cancines brutales ese año, The Elgins con su relanzamiento de ‘Heaven must have sent you’ y The Tams con ‘Hey girl don’t bother me’ que también había llegado a las listas la década anterior. El Reggae todavía estaba dando de qué hablar con ‘Monkey Spanner’, la continuación de Dave & Ansel Collins a su éxito #1 de Marzo, que llegó al  puesto 7. Motown seguía en forma con ‘Just my imagination’ por The Temptations, que más que compensaba ese molesto ‘Chirpy, chirpy, cheep, cheep’ por Middle of the Road, un masivo hit #1.  Chairmen of the board, la anteriormente favorita banda de los skins, seguían en acción con ‘Everything’s Tuesday’ y ‘Pay to the piper’ y una de las mejores canciones de todos los tiempos, por uno de los más grandes artistas, ‘Move on up’ por Curtis Mayfield, hicieron del verano de 1971 uno para recordar, al menos musicalmente. Y justo cuando pensabas que no podía ponerse mejor, un álbum de proporciones épicas fue lanzado.

What’s going on de Marvin Gaye rompió todas las reglas, en cuanto a música Soul se refiere. Era una pieza de trabajo radical y desafiante. Sus bases de jazz, inusual orden de las canciones  y su mordaz comentario político, especialmente relevante para la continua participación de EUA en Vietnam, resumían los primeros años de los setentas a través de los ojos de un afroamericano desilusionado. Su importancia para los chicos británicos era insignificante, simplemente nos gustaba la música. Citando a Smokey Robinson al hablar del legendario álbum: “Era funky como el diablo… hizo historia musical”.

En las pistas de baile el Reggae todavía pegaba duro, a pesar de que por un corto perioodo de tiempo el año anterior, el Top Rank habí prohibido la música jamaicana por sus asocioaciones con el movimiento Skinhead, algo que el administrador, Nick Pennycott, negaba vehementemente, sosteniendo que simplemente la música estaba pasada de moda, extraordinario de verdad cuando consideras la cantidad de Reggae que había en las listas de éxitos por ese tiempo. El lanzamiento de ’54-46 was my number’ por The Maytals nos puso a todos a estompear y a cantar, al igual que ‘Come into my life’ de Jimmy Cliff y ‘Please don’t make me cry’ de Winston Groovy, mientras que viejos favoritos de Ska y Rocksteady como ‘Guns of Navarone’ de Skatalites, ‘Wet dream’ de Max Romeo, ‘John crook shank’ de Derrick Morgan y ‘Al Capone’ y ‘Big five’ de Prince Buster eran tan populares como siempre.

El Locarno no era un sitio para los intelectuales, los educados, los Hippies, era un lugar de placeres simples. El Tote estaba representado allí, al igual que el East End del City. De hecho en ocasiones parecía como el público del  estadio. La violencia era tan común en el Locarno o en el Top Rank como lo era en Eastville o Ashton Gate, incluso a veces más, siendo la pista de baile el substituto perfecto de las graderías. Siempre nos preguntábamos porque se referían a nosotros como Fútbol Hooligans. Éramos simplemente Hooligans a secas; sólo que el fútbol parecía ser nuestro escenario más conveniente.

El centro de la ciudad no era un sitio para los de corazón débil. El Viernes 14 de Agosto, un joven policía fue salvajemente golpeado por un grupo de 20 skinheads. Brian Langhorne, policía de 21 años fue encontrado tirado en un caño en Smal Street con una fractura de cráneo y concusiones.  Al día siguiente se inició la temporada de fútbol y una visita a Ashton Gate por Millwall significó una pelea masiva en North Street, Bedminster, luego de que fans del City rompieron la ventana trasera de un bus que pasaba. La siguiente semana el centro fue el escenario de una furiosa pelea entre skinheads, motociclistas y polis. Cientos de personas estuvieron involucradas; en Rupert Street un ciclista fue tumbado de su moto por skins armados con baldosas, solo para ser rescatado por bomberos que también fueron atacados. La inevitable misión de venganza llegó la siguiente semana, con una pandilla de 700 Hells Angels crando el caos en el centro, sólo para ser separados y guiados por la recientemente creada Fuerza para Tareas Especiales, llamada ‘The Bovver Squad’ (El escuadrón Bovver)por la prensa local.

Los buenos ciudadanos de Bristol estaban justificablemente aterrorizados y la prensa local la pasaba genial. Sólo para probar los horrorizados que estaban, el Western Daily Press publicó una historia en 3 partes sobre cómo habían infiltrado el “violento mundo del hooligan de fútbol” titulada “El folclor de la multitud del Tote End”. Nos encantó. Si el Tote End hubiera estado en una misión de reclutamiento no hubiéramos podido escribir una mejor pieza de publicidad, era música para nuestros oídos:

  CONOZCAN AL TOTE END MOB, terceros en la Liga de Violencia en el Fútbol [Los periódicos amaban estas ligas de violencia, ver capítulo 14]. Los Bristol Rovers son sus ídolos. Y si el equipo es vencido en el campo de juego, este ruidoso ejército de seguidores ganará en las graderías.
Detrás del arco, en el extremo popular de cada estadio de fútbol de la Tercera División, está su campo de batalla. Aquí libran guerras con los fanáticos skinheads rivales, con su propio y temerario sistema de puntos. Y esta joven multitud, con sus botas punta de acero y cabello corto se jactan: “somos terceros en la liga”. Pero esta liga de terror no tiene nada que ver con deporte. Le causa caos a cada club en Inglaterra que lucha contra la nueva y atemorizante ola de hooliganismo en el fútbol al estilo 1971-72.

Nos encantó. Las ventas del Western Daily se dispararon- todo el mundo guardaba una copia en el bolsillo trasero. Hizo más por nuestra autoestima y reputación, de lo  que cualquier graffiti que dijera “Mantenerse alejado del Tote End” que pudiéramos pintoretear en una pared afuera de la estación de Stapleton Road, pudiera hacer jamás.

Los artículos aparecieron en Septiembre- la temporada de fútbol sólo llevaba un mes y ya aparecíamos en los titulares. Habíamos vencido al City, tanto fuera como dentro de la cancha en un amistoso pre-temporada en  Ashton, dándole a los ‘chicos en trajes’ una buena paliza en el East End y en las calles de Bedminster. La primera ronda de la Liga significó jugar contra Exeter, pelear toda la noche y 18 arrestados. Nuestro primer juego decente como visitantes fue, de entre todos los sitios, en Torquay de nuevo. Debido a la violencia de la temporada pasada, el partido fue jugado un sábado en la noche, pero esto resultó en más aggro debido al mayor consumo de alcohol. Las autoridades sí que tomaron una buena decisión.

Sin embargo, al menos en Bristol, la policía empezaba a saber lo que hacía y actuando basada en unos chivatazos de la policía del norte, pararon e inspeccionaron 3 buses llenos de fans de Middlesbrough que habían llegado para el juego contra el City temprano en la mañana un sábado. Diez fueron arrestados y un surtido de armas, descrito por la prensa como ‘terrible’, incautado de entre los buses. El armamento estaba compuesto por dos hachuelas, cinco tambos de metal con cobertura de caucho, un bastón de madera con punta de metal, un pincho para carne, un gancho para carne, cadenas de inodoro con bolas de metal amarradas a ellas, navajas y cinturones con taches,  entre otras. Un vocero de la policía, el superintendente Callaghan, comentó en el Evening Pst con un asombro casi infantil: “Las dos hachuelas eran nuevas y fueron compradas para un objetivo específico- que no era cortar madera ni limpiarse las uñas, debió haber sido para un propósito más ilegal”.

Debido a la tardía estadía en Torquay (esas chicas fueron muy hospitalarias de nuevo), nos perdimos el Especial de Fútbol (Ndt: rutas de tren especiales para los fanáticos de fútbol que viajaban a ver los partidos) de vuelta a Temple Meads. Había como 20 de nosotros y la poli nos escoltó hasta New Abbot en el tren local donde tendríamos que esperar por el tren de la línea principal hasta Plymouth: sería una larga noche.

El primer tren que llegó fue un expreso local que se dirigía a Plymouth. Las ventanas bajaron… ‘¡ARGYLE!, ¡ARGYLE!, ¡ARGYLE!’ Estaba lleno de los bastardos, uno de nuestros viejos enemigos. Sabíamos que sólo teníamos unos pocos minutos para actuar, pues el tren arrancaría pronto. Buscamos alrededor en busca de cualquier cosa para lanzar- ladrillos, botellas, un balde fue rápidamente vaciado de su arena y lanzado al objetivo estático. Algunos fans de Argyle se bajaron y saltaron a las líneas del tren, aceptamos el reto, pero ni siquiera había empezado cuando ya se había acabado de nuevo, una bonita y pequeña pelea, ningún daño real,  sólo unas cuantas narices ensangrentadas y ventanas rotas. El tren arrancó, los skinheads despidiéndose como sólo ellos lo saben hacer:
‘¡Sí, te veré en Eastville, maricón de Devon!”
‘¡Ven acá y dímelo en la cara Bristoliano de mierda!”
‘Ahora que el tren se va sí eres duro, ¿no?, hijoputa estúpido, eso es, ¡vuelve donde  el marica tu novio marinero!”
Saludos de dos dedos y galones de saliva acompañaban nuestros pequeños y agradables rifirrafes.
‘Eso estuvo divertido’ dijo Harvey, nuestro muchacho más grande. Fue uno de los primeros en bajar a las líneas del tren, su inmaculado crombie hecho a la medida, ahora viéndose de lo peor, con una gran rasgadura en la espalda.
‘Tu mamá te va a matar cuando vea eso’ le dije, indicándole su espalda.
‘Mierda. Estoy muerto’, respondió Harvey. Este Tote Ender de 16 años medía más de dos metros, una gran masa jugadora de rugby, siempre dispuesto a pelear, pero le tenía un susto de muerte a su madre.

La acción continuó. Decidimos ir a vagar por Newton Abbot, nuestro tren no salía sino hasta las 12. El problema con los pueblos pequeños es que no tienen clase. No tener clase significa que no habían skins. Que no hubieran skins usualmente significaba una cosa: ¡Greebos!

A los skinheads no les gustaban los greebos. Para empezar, usualmente eran más grandes que nosotros, y además usualmente eran más duros que nosotros- un uno a uno contra un greebo, normalmente resultaba en un moreteado y golpeado Skinhead. Hoy no sería la excepción. Nos vieron mientras salíamos de una tienda de chips, y empezaron a cantar: ‘Skinhead, Skinhead por allá, ¿cómo se siente no tener pelo? Es caliente, o es frio, ¡no lo sé pues no estoy calvo!” Era un canto de jardín infantil, y lo cantabn justo como pequeñas colegialas. Sólo que estas colegialas vestían jeans sucios y cuero, y montaban en grandes y feas Triumphs.

“¡Vayan a comer mierda!” gritó Jock, todavía vestido como un skin de hace un par de años, tirantes rojos de ¼ de pulgada, Levi´s manchados con blanqueador y una pulgada arriba de grandes y negras botas industriales con punta de acero. Jock era un par de años mayor que nosotros, pero no era más sabio. Podía vestirse genial, pero al igual que el resto de nosotros, no era rival para un gran, corpulento greebo.

‘¡Te atraparé, pequeña rata!” Los yetis se habían bajado de sus motos y estaban sacando sus cadenas en un abrir y cerar de ojos. Todos miramos a Jock. ‘Corran’ susurró a través de sus dientes apretados. No necesitaba decirlo dos veces, una vez que uno empieza a correr, todos corren; supervivencia del más apto. Nos dirigimos de vuelta a la estación, pescado y papas volando por todas partes. Por fin nos escapamos de ellos, pero no se dieron por vencidos fácilmente.

De vuelta en la estación nos reagrupamos y salimos de ésta juntos. Pero todavía no había suficientes de   nosotros. Era todo un dilema. Éramos el doble de personas, pero ellos tenían armas. Y querían a Jock.
‘¡Ven a ver, tú, el de la bocota!” nos provocaba uno de los greebos, señalando a Jock, “Te meteré esos tirantes por entre el culo, pequeño…”

Jock no necesitó la invitación, arrancó hacia él sin pensarlo. Típico escocés, pensé, no necesitaba muchas excusas para una pelea. Estaba fuera de su liga. Jock dio un buen espectáculo, pero el greebo le dio una tunda. La poli llegó, como siempre nunca aparecen cuando los necesitas, y para entonces Jock estaba rodando en el piso en agonía. Esto era serio. Estaba en mal estado, llorando del dolor y agarrándose a los lados. El greebo fue arrestado, Jock terminó en el hospital con una pelvis rota y nosotros volvimos a Bristol con el rabo entre las piernas en el tren lechero. La mamá de Harvey no estaba feliz.

De vuelta el Western Daily:
He aprendido los códigos de odio de los llamados fans, que se ven a sí mismos como los guardianes del honor de su equipo… el porqué tienen que organizar fuerzas especiales para los partidos de visitantes; lo que pasa cuando se toman el territorio de los fanáticos rivales; y el significado detrás de sus constantes cantos… Para los Tote Enders, sus armas y trucos para engañarlos en llevarlos al campo son esenciales en una totalmente seria guerra en las graderías. La idea es tomarse el extremo popular de cada estadio de la Tercera División. Los jóvenes fans del equipo local defienden, los visitantes atacan.
El Aston Villa lidera esta liga de violencia; Notts County, nuevos en la Tercera División, van de segundos con su rápidamente establecida reputación…
Estos rumores han llegado hasta los chicos del Tote End, que se preparan con ahínco para su visita a Nottingham el sábado…
Skins del Aston Villa

 Gracias a la publicidad del Western Daily, un ejército de degenerados y vagos se dirigía al norte. Nuevos reclutas fueron aceptados, todos ansiosos de conseguir una tajada de la acción gracias a nuestro reciente estatus de celebridades. Las botas fueron brilladas y estábamos armados hasta los dientes, ansiosos por una victoria como visitantes y un ascenso en la liga hasta la segunda posición. Desafortunadamente County Notts no había seguido el guión.

‘Nah, chico, no encontrarás problemas por aquí. Los fans del Notts son más buenos que el oro” nos informó con orgullo el dueño del Magpie. ‘Los de Forest son los busca-problemas y hoy están fuera de la ciudad. Nos vemos más tarde mis peces’.

Te puedes meter tus peces por entre tu norteño culo, pensé. Los pocos rufianes que County tenía fueron despachados rápidamente; los perseguimos hasta que salieron del estadio. Fue patético. Aun así, aprendimos una nueva canción del solitario Smoothie que decidió quedarse y probar su suerte: “Bertie Mee dijo a Bill Shankley, has escuchado del North Bank de Highbury; Shank dijo no, no lo creo, pero he escuchado del Tote End Aggro, la la la la la la la…” uno de los favoritos de todos los tiempos, junto a ‘Yo nací bajo el Tote Bar’. Las canciones y cantos eran parte del ritual, tan importantes como la vestimenta que todos seguíamos rigurosamente. Sin embargo, era un gran esfuerzo para aprenderse una nueva puta canción. Nos fuimos a casa, los Rovers ganaron 3-2, pero eso no compensó un día decepcionante, aunque estuviéramos segundos en la liga.

La temporada avanzaba. La violencia en el fútbol era ahora una epidemia, estallando en prácticamente todos los estadios del país, se volvió lo normal. Teníamos problemas dondequiera y cuandoquiera  que lo desearamos, lo cual era bastante seguido, desde Bournemouth a Blackburn, de Walsall a Wrexham. Pisoteábamos y golpeábamos a través del país. Reading fue particularmente divertido. Habiendo perseguido a los bastardos a través del centro de la ciudad, los alcanzamos en el cementerio loca, muy apropiado.

Los Rovers encontraron la gloria una vez más en la Liga. Los juegos de la copa contra equipos de divisiones mayores siempre eran algo especial. Estaba bien destruir un pueblo provinciano como Shrewsbury, pero codearse con los chicos grandes era otra cosa. Visitamos QPR en la cuarta ronda una tarde de martes; Londres del Oeste debía prepararse para una sorpresa. Olvídate de ‘Rodneeeeeeeeeee’ (el jugador estrella del QPR, Rodney Marsh), ‘Haroooooold’ (nuestro veloz volante, Harold Jarman) resonaba en todo el estadio.

Había una canción en las listas en ese entonces, ‘Tap turns on the water’ por CCS que eran liderados por el blues man Alexis Korner. Era una canción horrible, acerca de ver a tu hermana en bola. Sin embargo, era perfecta para ser adaptada por una horda de ebrios en un viaje de visita a Smoke:

Tap turns on the cider,
see the cider flow,
cider makes de Tote End,
watch the Tote End go,
we all come from Bristol,
come from Bristol town,
we all come from Bristol,
so get your knickers down!

(Tap se vuelve hacia la sidra,
ve la sidra fluir,
la sidra hace al Tote End,
mira al Tote End ir,
venimos todos de Bristol,
de la ciudad de Bristol,
venimos todos de Bristol,
¡así que bájate las bragas!)

Loftus Road rugió de risa; se rieron con el otro lado de su cara cuando nos tomamos su territorio, primero persiguiéndolos desde su extremo, The Loft, y luego del juego continuando con una buena paliza todo el camino de vuelta a Paddington. ¡Haber visto sus caras! No podían creer que un grupo de granjeros fuera tan malvado, en especial aquellos que, después de perseguir a algunos de los locales hasta el interior de unos apartamentos, agarraron a uno y amenazaron con lanzar al horrorizado idiota por el balcón, sus súplicas por piedad resonaban alrededor de la oscura  torre de apartamentos. Era nuestro turno para reír.   Afortunadamente lo dejaron irse, para la molestia de algunos de los menos compasivos perseguidores. Los Rovers sacaron un 1-1, Harold marcando uno brutal que resultó en una victoriosa repetición frente a alrededor de 24,000 personas en Eastville, en donde les dimos a los chicos de Smoke otra buena tunda, con sus chalecos de avispa y todo.

Los cuartos de final en Noviembre, nos enfrentaron al Stoke City de Gordon Banks en Eastville. Esta iba a ser una de nuestras más grandes pruebas. Stoke City era una gran multitud de Primera División. Más de 33,000 espectadores fueron al estadio. El himno de los Rovers ‘Goodnight Irene’ se podía escuchar en todo Bristol del Este. El Eastville nunca se vio u olió tan bien, los gasoductos estaban trabajando horas extra y llovía de nuevo, esa lluvia que no daba tregua, atravesaba tu crombie y te helaba los huesos. Aun así, el Tote End estaba humeando; estaba tan lleno que los polis ni podían asomarse a echar un vistazo. Los fans de Stoke, una sección de los cuales era conocida como ‘La Familia’, habían llenado  la parte derecha del Tote. Habían llegado temprano y estaban bien asentados, no podíamos sacarlos.

Era el grupo más grande y feo de fans que podrías querer conocer en tu vida- ya teníamos nuestro trabajo definido. Andy hizo el primer movimiento y se dirigió al más grande bastardo de entre todos.
‘No me jodas. No me molestaría tener algo de ese tamaño lleno de monedas” comentó Lil sobre el monstruo que dominaba a los chicos.

Andy se acercó al monstruo y balanceó ese infame brazo, conectando aquel infame puño. Me sobresalté. En cambio, el monstruo no, simplemente miró a Andy y sonrió. Andy le golpeó de nuevo. El monstruo sonrió de nuevo, ¿o era el viento? En todo caso, Andy sabía cuando había sido derrotado; e hizo una salida rápida.  Balines y cigarrillos prendidos eran lanzados con atemorizante ferocidad, aun así no se movían. Era tiempo de usar tácticas de terror.

“¡Voy a atrapar a uno de esos hijoputas!” Esto provino de Ricky Lee, una joyita de Southmead. Conocíamos a Ricky de hace algún tiempo. Era más viejo, pero no mucho más grande que nosotros, y tenía una reputación de ser un poco demente luego de haber atacado el extremo de Reading unos años atrás, prácticamente solo. Al igual que Andy o Rob Doyle, Ricky era alguien a quien admirábamos.

Ricky también era un hombre de palabra. Caminaba lentamente por entre la multitud, determinado a atacar su presa. Escogió a un fan de Stoke, otro asqueroso hijo de perra que había estado gritándonos toda la noche desde el otro lado. De cabeza afeitada y tan pecoso como Benny, merecía unos golpes por ser tan feo.   
‘Oi, feo’ gritó Ricky. Esta descripción podía haber aplicado para la mitad de los fans de Stoke, todos se veían mongoloides. Debe ser por todo ese incesto en todas esas fábricas de cerámica, pensé.
Obviamente, Feo mordió la carnada: “Vete a la mierda, maricón sureño.”

Ricky lo tenía en la mira, pero necesitaba un señuelo. La poli había abierto un campo entre los dos grupos de belicosos fanáticos, el espacio siendo tierra de nadie. Ricky empujó a los polis, y todos nos unimos. Ahora un gran empujón estaba formándose tras de nosotros, sacudiéndonos en las gradas, cayendo, regándose unos sobre otros, los polis se voltearon intentando detener la marea. Pero estábamos decididos a romper la larga línea de azul oscuro. Cedió, la poli nos empujó de vuelta, pero su línea se había roto. Ricky había cruzado, y nosotros nos le unimos rápidamente,puños veloces, brazos girando a 90 millas por hora, golpeando cabezas desprotegidas. Fue rápido y efectivo. Ricky cogió a Feo del cuello.  Jalando su cabeza hacia abajo, lo arrastró hacia nosotros, golpeando de forma experta con un puño mientras con el otro mantenía un agarre como de pinza sobre su cuello. Lo estaba arrastrando hacia atrás. Peleas de puños estallaban alrededor, los polis sin poder detenerlas, el canto constante de ‘A-G, A-G-R, A-G-R-O, ¡AGRO!’ resonaba en nuestros oídos. Los fans de los Rovers alrededor nuestro por fin podían ver lo que estaba pasando. Ansiosos de ser parte de la pelea de Ricky, cerraron filas envolviendo al impotente Feo en una nube de puños y patadas. Ahora gritaba de terror, todos estaban decididos a darle una paliza. Se fue al piso, el peor lugar al que podía haber ido. Las botas entraron, sin detenerse y sin piedad. Golpéabamos como salvajes- éramos salvajes, y Feo era nuestra víctima. Finalmente desapareció. Por todo lo que sabía o me importaba, podía haberse hundido en la basura y suciedad del Tote.

Los Rovers perdieron 4-2- los rivales jugaron muchísimo mejor- pero el bovver no terminó luego del partido; nos enfrentamos de nuevo frente al White Swan. Un fan de Stoke sufrió una golpiza severa, y perdió un ojo como resultado. Un caballo de policía fue apuñalado, lanzando por los aires a su jinete; la calle Stapleton estaba destrozada; los carros tenían las ventanas rotas y algunos habían sido volcados. Terry Conroy, el veloz  volante de Stoke, destrozó a los Rovers esa noche; pero fuera del campo de juego, los dos grupos de fans hicieron lo mejor que pudieron por destrozarse entre ellos. Fue una noche de pura violencia injustificada, estábamos en nuestro elemento.

jueves, 17 de marzo de 2011

Booted & Suited. Capítulo 9: Bienvenido a las laderas


Nota: Lo de siempre: los videos, fotos y links a las canciones las ponemos nosotros, NO son del libro. 

Capítulo 9: Bienvenido a las laderas

Jesús ama a los pequeños skinheads
A todos los skinheads del mundo
En sus tirantes y botas
Y su cabello corto
Jesús ama a los pequeños skinheads del mundo
Canción popular en las graderías, cantada a ritmo de “Jesus loves the Little children” de Ray Stevens.

El año de 1971 empezó donde 1970 había acabado, con la reputación del Tote End creciendo cada semana. Otra visita del Aston Villa en Enero significó un batalla masiva tan pronto como los fans del Villa se bajaron del tren en Stapleton Road- la calle junto al Black Swan estaba llena de botellas rotas, ladrillos y mierdas que habían dejado atrás los dos bandos en su pelea. Estábamos pasando un día de campo, los periódicos estaban llenos de nosotros, y nos encantaba.

“¡Somos superiores! ¡Somos superiores!” era un extraño, casi infantil, canto vociferado por una feroz banda de skins del Preston North End que nos sorprendió desprevenidos. Llegaron temprano y se infiltraron en el Tote End un Sábado a principios de Abril.  Los cabezi-rapados, y de pantalones blancos y anchos Lancastrianos, no solo habían montado un campamento en nuestra gradería local, sino que también habían   profanado el estadio al graffitear “PNE Skins”  y dibujar enormes y caricaturescas ilustraciones de Doc Martens por toda la parte de atrás del Tote. Habían obtenido una victoria, pero una que, al igual que su canto infantil, estaba a punto de llegar a su final con un bien planeado ataque a dos frentes apenas sonara el silbato del medio tiempo. El ataque carnada, del que yo era parte, arrancó del lado derecho, los tipos de Preston, ansiosos como nosotros de probarse a sí mismos, se nos lanzaron, completamente ajenos a la multitud más grande que los atacaba desde atrás. El movimiento sorpresa causó revuelo, salieron corriendo hacia la cancha, ensangrentados, golpeados y derrotados, sólo había una cosa que podíamos cantar: “¡Son inferiores! ¡Son inferiores!”  Nunca había escuchado esos extraños cantos antes, y lo que es más importante nunca los volví a escuchar después.

El siguiente fin de semana era pascua. Las cosas se veían realmente bien: los Rovers lo habían estado haciendo bien y decidimos salir en uno de nuestros viajes de nuevo, esta vez lejos… a Gales. Debido a la falta de dinero tuvimos que viajar en el más horrendo modo de transporte conocido para cualquier hooligan que se respete- los buses para fanáticos del club. De todos modos, había un montón de nosotros mientras salíamos de Eastville, ansiosos de una pelea y de darle a los Taffies una buena paliza. El sol brillaba y mis Monkey Boots no podían dejar de bailar- Dave & Ansel Collins estaban en el puesto 1 con “Double Barrel”- ¡verdaderamente Dios era Skinhead!  

Aunque el Reggae era casi que la música propia de los Skinheads, el Soul, y en menor grado Motown, también era popular todavía, especialmente entre las Skinhead girls en los salones de baile y clubes juveniles. Pero por más que disfrutaba llevar el ritmo las canciones de Arthur Conley y Junior Walker con mis botas, las grabaciones de Diana Ross y Stevie Wonder me dejaban frio. Yo sabía lo que realmente quería: moon-hopeante, boot-stompeante, y poco sofisticado Reggae. La popularidad del Reggae había llegado a su punto máximo en 1970,  pero todavía tenía influencia sobre nosotros un año más tarde, y cuando “Double Barrel” llegó al número 1 en Marzo, se comprobó que los skinheads todavía estaban vivos y pateando, literalmente. 


Sin embargo, estaba volviéndose difícil  escuchar y comprar Reggae reciente. Radio One y las  listas estaban dominados por apestosa basura Hippy, con Marc Bolan y T.Rex pasándola genial. “Ride a White Swan” me irritaba como un putas. Era demasiado pegajosa, casi hasta me gustaba- lástima que la cantara algún Yeti drogadicto. Como skins relativamente jóvenes, habíamos explorado las joyas de unos pocos años atrás y dependíamos de los geniales álbumes compilados  Tighten Up y Club Reggae, que se podían comprar por menos de una libra esterlina, qué regalo. Comprar sencillos era toda una aventura. CA Records en Picton Street era un sitio donde regularmente veías Skins…
“¿Tienes ‘Hijacked’ por Joe Gibbs, Roy?” le preguntaba al dueño de la tienda todas las mañanas de Sábados, como relojito.
“Llegará el Lunes de la otra semana” era la respuesta estándar de Roy.   
El problema era que cada vez que llegaba un disco clásico, te lo arrebatada inmediatamente el que ofrecía más. Descubrí que a CA todavía  le iba bien a principios de los 90’s y pensé en intentarlo una vez más.
“¿Tienes ‘Hijacked’ por…”
“Llegará el Lunes de la otra semana”, respondió Roy, sin siquiera tomarse la molestia de levantar la mirada del cigarrillo que enrollaba. Entendí el mensaje, nunca conseguí ese disco.

Los skins habían desarrollado una afinidad con el Reggae, y con su predecesor el Rocksteady, de la misma forma en que los Mods habían sido asociados con el Soul y el Ska. Había cierta presunción en el Reggae que le hacía especialmente apropiado para los Skins: sin pretensiones, básico y en ocasiones hasta ‘feo’, los dos iban de la mano y en ciudades con una gran población inmigrante como Londres, Birmingham,  y en menor proporción, Bristol, había hasta Skins negros. De hecho mucho de las primeras modas Skins, fueron plagiadas de sus equivalentes negros adolescentes. Sombreros Pork Pie y trajes apretados en Mohair con la bota del pantalón justo por encima de los tobillos habían sido populares entre los ‘rude boys’ en Jamaica. El porqué jóvenes blancos, working class, que vivían en los council estates, adoptaron música negra del otro lado del Atlántico,  es un misterio, pero por lo menos yo no iba a aguar la fiesta. Yo era un estereotípico skin, y escuchaba mi estereotípica música.  Moría de ganas de visitar el Bamboo Club, el legendario club jamaicano en el Distrito Saint Paul de Bristol, en el cual se  habían presentado leyendas de la música jamaicana como Owen Gray, Alton Ellis y los Skatalites. Pero con solo 15 años y vestido como me vestía, sabía que las posibilidades de que eso pasara eran las mismas de que Enoch Powell visitara el Curry House de su barrio y pidiera un vindaloo. No es que fueramos racistas- lejos de eso. De hecho, ningún skin que haya conocido en esa época lo era, por lo menos no en lo que se refería a los jamaicanos. Debo admitir que habían ataques a asiáticos y desafortunadamente el término ‘Paki-bashin’ había entrado al lenguaje inglés para principios de los 70’s, pero los skinheads negros estaban usualmente involucrados en estos ataques junto a sus amigos blancos, así que decir que era por la raza es un poco difícil.  

La verdad es que muchos de los skinheads eran ‘tipos malos’ y los ataques e insultos a solitarios asiáticos, así como a greasers y a homosexuales, eran más acerca de seguir a la manada y probar su llamada ‘dureza’, y no sobre  hacer alguna declaración de políticas. La política, por lo menos durante los primeros años de este culto en particular, no era algo que le importara una mierda a los skins.  

Pensándolo bien, una buena cantidad de skins probaron el queer bashing (ndt: golpear mariquitas) al igual que  el paki bashing; no habían muchos pakistanís en Henbury así que teníamos que conformarnos con los maricas. Una vez lo probé- la parte de golpearlos no la de ser marica. Fui a los baños públicos al fondo de Cheltenham Road junto a Nicky Pullin, un tipo de Horfield que había conocido durante la pelea contra Preston.  El plan era que Nicky esperara junto a los inodoros mientras yo estaba parado afuera, esperando a que Quentin Crisp, o  quien fuera, apareciera. Yo sé que se supone que los baños públicos  son huecos de mierda, pero éste lo era literalmente. Lo que hacía que los homosexuales quisieran tener sexo en baños sucios, asquerosos y llenos de mierda y orines, iba más allá de mi imaginación. Confirmaba mis prejuicios, se merecían una buena paliza, robarles la billetera sería un extra.  Eventualmente Quentin apareció.  Era un viejo grande que se quedó mirándome justo a los ojos, sabía lo que se avecinaba, de hecho tal vez hasta le gustaba la idea. Obviamente se le había insinuado a Nicky. 

“Chris, ¡ya! ¡Atrapa al hijoputa!” gritó Nicky desde dentro del mierdero.
Esperé.
“¡Ya! ¡Entra aquí!”
Seguí esperando, ahogué una risa.
“¡Quítame las manos de encima asqueroso marica! ¡Browner entra aquí ya mismo!”
Todavía podía escuchar los chillidos de Nicky mientras abordaba un Bus 77 que pasaba. Me reí para mí mismo mientras dejaba a Nicky a su suerte.  Por lo que sé, tal vez todavía siga allí. 

Diré lo putamente obvio: El sur de Gales es un sitio pesado. Décadas de sudar, esforzarse y partirse la espalda en molinos de acero, minas de carbón y puertos habían producido una población agresiva y beligerante. Si hay una cosa que los chicos de los valles disfrutan más que pelearse entre ellos, es pelear con ingleses. 

Llegamos a Swansea, confiados y con ganas de pelear. Sin embargo el Tote End llegó allí en pequeños grupos, y no en multitud como había pasado en Torquay. Ese era el problema con los buses, en especial los de fans del club. Sin ninguna organización ni ningún líder nos empezábamos a sentir un poco inquietos.
Swansea quedaba bastante lejos del cómodo Torquay, hileras de casas en ladrillo rojo, fábricas de acero, puertos: el lugar perfecto para criar duros, rudos fanáticos del Aggro. No íbamos a quedar decepcionados, Waddsy tomó el liderazgo como de costumbre. 

“Vamos a buscar un pub y pasar desapercibidos por un rato. A ver qué pasa.”
Ninguno de nosotros estaba de humor para ir buscando problemas, no todavía. Era la primera vez que nos sentíamos vulnerables. En nuestro territorio, Eastville, éramos invencibles ante cualquiera, sabiendo que había una multitud gigante que nos respaldaba; pero aquí estábamos por nuestra propia cuenta, y resaltábamos como las bolas de un bulldog. Nerviosamente jugueteaba con la pequeña navaja automática que había escondido en el interior del forro de seda de mi bomber de gamuza. Si me tocaba, si de verdad, verdad me tocaba, tendría que usarla hoy. Mis manos temblaron y mis bolas se encogieron al tamaño de una arveja congelada. Andy, ¿dónde estás?

Luegos de varias rondas de “Lo siento chicos, son demasiado jóvenes”, no las arreglamos para encontrar un pub no muy lejos del estadio de Swansea. Waddsy entró primero, siempre lo hacía, era el que se veía mayor. Le seguimos casualmente, tan casualmente como era posible con tus bolas acomodadas plácidamente en tu estómago.

“Light Split (ndt: creo que alguna combinación de cervezas)” dijo Denny, su voz una octava   más grave de lo normal.
 
“¿Son lo suficientemente grandes, chicos?” preguntó el folla-ovejas del dueño.
“Seh, todos tenemos 18” dijo Waddsy. Eso era un chiste y el dueño lo sabía. Por mucho yo podía pasar por alguien de 17, pero Lil no se veía ni de 15, más bien parecía de 12.
“Ok, pero siéntense en la esquina y nada de problemas.”
 
Nos dirijimos todos a la esquina, nuestros ojos fijos en nuestras cervezas, no nos atrevíamos a mirar alrededor.
“Todo estará bien” dije “los demás llegarán pronto y nos encargaremos de este sitio.”
Todos asintieron con la cabeza, sin creerme ni un segundo.
 
El pub estaba prácticamente vacío, unos cuantos pensionados, fumando sus cigarros y leyendo sus periódicos.  Mientras que cerca, junto a la maquinita de apuestas un par de chicos locales, vestidos con ropa estándar de hooligans de fútbol, Levi’s, botas y Harringtons idénticas, cada uno de ellos con su pelo limpio y organizadamente corto, nos miraban con atención. Nos habían visto de inmediato. Había 6 de nosotros, los mejores cuatro de Henbury  más un par de chicos de Yate   que acabábamos de conocer y que se nos unieron para la diversión. Los Taffies se susurraron algo entre ellos y salieron rápidamente. Estaban planeando algo.
 
“Vamos tras los bastardos” dijo Benny, siempre bocón, siempre estúpido.
“No, déjales. Acabamos de llegar, no pasará nada” dijo Waddsy.

Pasaron 10 minutos. Cada vez que se abría la puerta nos preparábamos y dejábamos salir un pequeño suspiro de alivio cuando entraba otro pensionado con su perro. Finalmente la puerta se abrió con un poco más de esfuerzo. Una docena de ellos entraron silenciosamente. Nuestros ojos se encontraron. Conocíamos a la mayoría de los chicos que seguían a los Rovers, y éstos no se nos hacían familiares.

“A mi amigo le dieron una paliza en Bristol en Navidad”, soltó el Folla-Ovejas #1 (Ndt: Término despectivo,  para referirse a los pobladores de pueblos rurales, donde hay muchas ovejas y más comumente para referirse a los habitantes de Gales),  fácilmente de 18 años y del doble del tamaño de todos nosotros juntos.
“¿Y qué putas nos importa?” respondí. No podía creer que lo había dicho, me arrepentí de inmediato.
 
Aún estaba sentado, era un blanco fácil. Me metió los dedos justo en los ojos, el dolor era increíble. Grité en agonía y puse mis manos sobre mi cara. Luego sentí un golpe en el lado de mi cabeza, los puños llegaron rápidos y fuertes. Los otros también se jodieron, ni siquiera mostramos resistencia fue un demostración vergonzosa. Todo acabó en cuestión de segundos. De hecho pudo haber sido mucho peor, se dieron cuenta de que éramos solo niños y pensaron que unos pocos golpes eran suficientes. Pensamos que se irían, pero se quedaron, pidieron pintas y se quedaron mirándonos, tirándonos portavasos de vez en cuando, retándonos a que intentaramos salir por la puerta. Al dueño no le importó ni mierda, obviamente ya lo había visto todo antes. Pero pronto se arrepentirían de no haber hecho nada cuando tenían la oportunidad.

Keith Hurt apareció en la puerta, el callado, indiferente y de gafas Keith Hurt, uno de los bastardos más malvados de al norte del río. Detrás de él, una fila de la que no se veía el fin de Tote Enders entró al Pub llenó de humo. ¡Habían llegado los refuerzos!

“¿Quién te hiso eso, chiquillo?” preguntó Keith, mostrando verdadera preocupación, mis ojos estaban inyectados de sangre y llorando.
“Ese hijoputa de allí”. Señalé a Folla-Ovejas #1, que para entonces se encontraba manchando de café sus pantalones.
Keith siempre pensó que las acciones decían más que las palabras.
“Te gusta golpear niños pequeños ¿no, maldito imbécil?”
 
Me sentí ofendido de que me trataran de niño pequeño, chiquillo estaba bien, pero pequeño niño me hacía estremecer.  En todo caso, esto valía la pena totalmente. Keith no encajaba en el perfíl  del  típico hooligan de fútbol. Gafas estilo Buddy Holly, saco rosado y pantalón en pana beige. Doc Martens muy brillantes eran su única referencia a la moda Skinhead. Agarró a #1 por la garganta, le pegó un rodillazo en las bolas y lo golpeaó mientras caía. La mayoría de Tote Enders estaba todavía en el bar pidiendo sus bebidas, pero apenas se dieron cuenta de que había aggro se lanzaron. Lección #1, tira a los  malditos al piso, lección #2, patea. No podías habernos apartado si quisieras. Estaba ansioso por venganza, atravesé la multitud y pisé la cabeza de #1, que para entonces estaba llorando como un bebé. Volví a sentir la navaja con mis dedos…No, no tengo lo necesario, mejor solo patea al maldito. Ahora estábamos todos allí, Benny y Lil yendo por unos de los más chicos, Lil por fin manchando de sangre sus botas vírgenes, sonreía de oreja a oreja. Waddsy reventó un vaso sobre uno de ellos que luchaba por llegar a la puerta. De alguna forma los Taffies lograron escabullirse fuera del pub, golpeados y ensangrentados, habían recibido una buena paliza. “VENGAN Y PRUEBEN UN POCO DEL AG-GERO DEL TOTE END” resonó en sus oídos, La venganza era dulce.


No duró mucho. Aún estábamos un poco cautelosos en el camino al estadio. Había habido algunas peleas pequeñas, todas terminadas rápidamente por la policía, nada serio.  Pero en el estadio hubo total confusión. Intentábamos encontrar su End, siempre nos dirigíamos al End del equipo contrario- ésta era la única forma de establecer nuestra reputación- pero a diferencia de la mayoría de lugares, el crew de Swansea estaba establecido en las largas graderías a un lado de la cancha. Terminamos en las graderías descubiertas, dándole la espalda a la prisión de Swansea, como 200 de nosotros, pero la mayoría de nuestro grupo estaba en el otro lado cubierto, opuestos a nosotros.  

“¡Vengan a unírsenos, vengan a unírsenos acá!” nos gritaban nuestros camaradas en el lado opuesto. No tenían que decirlo dos veces, nos lanzamos inmediatamente a cruzar el campo de juego. Los demás nos siguieron, los folla-ovejas, pensando que íbamos a por ellos también se lanzaron al campo de juego. Nos encontramos en la bomba del centro de la cancha, y más gente del Tote seguía viniendo desde el otro extremo de la cancha, era un caos. Todo era movimientos rápidos, puños, patadas, entra con una patada voladora, apunta al estómago o a las bolas, haz algo de daño, luego corre. La policía se nos unió, perros, caballos y un par de cientos de vagos intentando hacerse daño entre ellos. ¡Magnífico!  

La calma fue restablecida a tiempo para la patada inicial. Fui sacado del estadio por la policía junto a una docena más. Ni mierda, pensé, no había venido hasta tan lejos para pasar la tarde del Sábado vagando por ese basurero.  Vi a un tipo de Ambulancias St John.

“Hey amigo, ¿dónde está el puesto de primeros auxilios?” pregunté señalándole mis ojos. Todavía estaban inyectados de sangre y me dolían mucho.
“No aquí afuera, chico” respondió “queda adentro del estadio”
“¿quéééé? Pero si el poli me dijo que era acá afuera” me quejé.
“Vamos yo te llevo adentro” me sujetó del brazo como si fuera una especie de soldado herido.

Resultado perfecto, estaba de vuelta en el estadio sin problemas, incluso me frotó un poco de Germoline en los ojos un mariquita galés  que sentía tanta lástima por mí. Rápidamente me volví a unir a la apretujada masa en las gradas. Los Rovers empezaron volando, íbamos 2-0 para el medio tiempo y los dos grupos de fans mantenían un intercambio de groserías e insultos, separados por una fila de polis y sus Pastores Alemanes que se veían malvados. Los cantos se pusieron más y más insultantes. Entonces, lo llevamos muy lejos. Siempre había un canto que garantizaba que los Taffies se volvieran completamente locos, incluidos los policías, tan pronto empezamos a cantarlo, nos arrepentimos. “ABERFAN, ABERFAN, ABERFAN…”. Era pleno medio tiempo, siempre un momento riesgoso y el canto fue como poner un trapo rojo frente a un toro. Empezaron a salir por montones desde la parte de arriba de las escaleras, pasando junto a los polis que estoy seguro los apoyaban.

Estaban armados con ladrillos, botellas y tornillos, caíamos como moscas. Angus, un tipo viejo y grueso de Lockleaze había estado parado junto a mí. Ahora estaba botado en el piso junto a mí con un par de tijeras sobresaliendo de entre sus hombros, sangre manchando su Fred Perry. El Tote presentó resistencia, pero los de Swansea venían desde la parte de alta de la gradería hacia nosotros, lo que es una ventaja. La policía por fin se decidió a intervenir, pastores alemanes y bolillos entraron en acción, restableciendo el orden rápidamente, pero no antes de que los guerreros celtas hubieran infligido gran daño a los invasores ingleses.
 
En la cancha, los Rovers ganaron 3-1, fuera de ella fue un sangriento empate. Ahora íbamos al tiempo extra. Empezó de nuevo, furioso combate mano-a-mano en las pequeñas calles alrededor del estadio, pelea entre tres, el Tote End, los Taffies y la poli.  Incluso me las arregle para conseguir una bufanda blanca y negra del Swansea en medio de la pelea, un preciado color  que agregar a mi cada vez más grande colección de trofeos. El aire estaba lleno de sirenas, ladridos de perros, y ese rugido subiendo cada vez más de volumen. El viejo favorito: “¡Vengan a ver!” (Come on then!) o “¡Denle a los bastardos!” (‘Ave the bastards!) Caos y violencia totales.

Pero ahora teníamos un problema, un gran problema. Debíamos regresar a los buses y nadie recordaba dónde estaban parqueados. Me até mi recién adquirido souvenir a la cintura, bajo la chaqueta. Encontramos un pequeño grupo de fans de los Rovers esperando en una esquina, se veían ansiosos.
“¿Están esperando a los buses?” En realidad no necesitábamos preguntar, los reconocíamos del viaje de llegada.
“Sí, deberían  llegar en cualquier momento…”
“¡Puta mierda! ¡Miren a toda esa gente, corran!”

Apenas nos vieron rugieron, ese rugido gutural. Me recordaba la película Zulu. Salimos corriendo en todas las direcciones, eran muchos más que nosotros. Benny, Waddsy y yo corrimos a través de una entrada grande con rejas de hierro, doblando la esquina, buscando desesperadamente un lugar donde escondernos. Era un área industrial, una fábrica de gas. Estaba cagado del miedo, mi corazón resonaba, mir piernas se volvieron de gelatina y mis bolas regresaron al modo arveja-congelada. Recé a Dios para que los folla-ovejas hubieran seguido derecho por la calle principal. No contamos con tanta suerte. Deben haber sabido que nos habíamos metido a un callejón sin salida. Había edificios, oficinas, alrededor nuestro. Benny y yo empujamos una puerta, un guardia de seguridad estaba sentado con sus pies arriba de la mesa, leyendo el periódico.
 
“¡Ayúdanos amigo, nos persiguen!” le grité.
“Largo de aquí ingleses maricas” fue su simpática respuesta. Tuve la extraña sensación de que no iba a ayudarnos.

Cerré de un portazo la puerta tras de nosotros. De afuera se escuchaban los sonidos de violencia, le estaban dando una buena paliza a alguien. ¡Waddsy! ¡Todavía estaba afuera! Puta, teníamos que ayudarlo.

Abría la puerta de nuevo y corrí afuera, preparado. Debí haber estado demente. Benny estaba justo detrás de mí. Éstos eran bastardos malvados y estaban armados hasta los dientes. Pateé a uno, pero era una pérdida de tiempo, di tus oraciones Browner, me dije a mí mismo. Waddsy estaba en el suelo, en posición fetal intentando proteger su cabeza, recibiendo patadas. En ese momento se volvieron hacia mí, una barra de hierro chocó contra mi cráneo, caí como un saco de mierda. Luego empezaron a llegar las botas, una me dio directo en la cara. El calido, dulce sabor a sangre llenó mi boca. Empecé a balbucear, mocos, sangre, lagrimas.
“No más, no más, por favor” lloriqueé “ya fue fuficiente…”
“Claro que no lo fue, inglés de mierda”
 
Podía escuchar sus gruñidos cada vez que pateaban, como un boxeador expulsando el aire con cada golpe, lo hacían en serio. Podía olerlos, oler el betún de sus botas, incluso saborearlo.

Su trabajo terminado, hicieron un salida apresurada, sin duda iban en busca de más presas. Una calma y un silencio se apoderaron de mí, el único sonido era mi patético lloriqueo y el borboteo de la sangre de mis destruidas nariz y boca. A duras penas sabía qué estaba pasando, dónde estaba, lo que estaba haciendo. Luego un despertar de consciencia de lo que estaba pasando llegó. Estaba en la parte de atrás de una ambulancia dirigida al Hospital Singleton.

La sala de espera era como como una zona de batalla. Había chicos magullados y ensangrentados por todas partes, heridas de cuchillo, cabezas rotas, cuerpos golpeados por ladrillos, botellas, de todo. Números más o menos iguales, al menos habíamos dado tanto como habíamos recibido. Waddsy sonreía, casi ni tenía un rasguño, solo una pequeña herida de cuchillo en su costado, sangre manchando su mejor Ben Sherman.

Me cosieron la cabeza y le pusieron vendajes,  el cuerpo me dolía como un putas y mi labio se sentía como si fuera del tamaño de una pelota de rugby. Había recibido una buena paliza, me habían fracturado el cráneo- algo de lo que jactarse- y mi cara era un verdadero desastre.  Mira el lado amable, Browner, me decía, al menos vas a tener una buena cicatriz, algo de lo que presumir en el colegio.

Había cerca un par de Tote Enders conocidos. Incluso empezamos a reírnos y a bromear con los chicos de Swansea que estaban allí- chicos amables en verdad, justo como nosotros.   Anoté el teléfono de un chico, prometí que seguiríamos en contacto, nunca lo hice. Le habían cortado la cara con un cuchillo, iba a tener una cicatriz hermosa. Estaba celoso.

Todos empezamos a cantar la canción de la gallina pati-chueca, el himno estándar de los hooligans de fútbol. Skins ingleses y galeses unidos, pasándola bien juntos… el personal del hospital estaba anonadado y sorprendido, no entendían. Libros serían escritos por expertos, psicólogos intentarían analizarnos, World in Action y Panorama harían docmentales sobre nosotros y se harían preguntas en el parlamento. Seríamos estudiados y varias teorías serían expuestas por los grandes pensadores de la nación sobre porqué los jóvenes causaban problemas en los  partidos de fútbol. Yo podía haberles ahorrado mucho tiempo y esfuerzo. Era bastante simple… lo disfrutábamos. 

Abril 1971. A cientos de millas de allí, en Carlisle, un chico nació el mismo mes en que yo recibía una paliza en Swansea. Sin duda llegó al mundo gritando y pateando, incluso tal vez vomitando y cagando. Mis contemporáneos y yo habíamos estado causando aggro en Baghdad mientras el futuro autoproclamado hooligan número uno de Inglaterra aún estaba en las bolas de su padre.